Masacre en los jardines


CUADROS QUE MIRAN A LOS HOMBRES

MIRAR AL AGUA

Javier Sáez de Ibarra

Páginas de Espuma

Madrid, 2009

Hay una tipología bastante frecuente en el género de la narrativa breve fundamentada en la voluntad por agotar las posibilidades formales a lo largo de la colección, esto es, ensayar voces, personas, tiempos, estructuras…; y Mirar el agua parte de esta premisa. En principio, Sáez de Ibarra no cuenta con ninguna rúbrica personal reconocible que distinga su escritura, salvo, aquí, cierto interés por la reflexión en torno a las artes plásticas, que sirve como punto de fuga a partir del cual arrojar parte de las piezas recogidas. De modo que el premio internacional Ribera del Duero experimenta con la fragmentación de la prosa en narraciones más reducidas (“Un hombre pone un cuadro”), la exposición de la acción a partir solo de diálogos organizados de un modo bastante simpático (“Las meninas”), el coqueteo con los registros más meticulosos (“Una ventana en Via Speranzella” o “La superstición de narciso”), el patchwork (“Amores” e “Hiperrealismo / Surrealismo”), la nota a pie (“La superstición de narciso”), el esquema (“Escribir mientras Palestina”) o la convergencia de varias historias sin relación aparente entre sí (“El disfrute de la palabra”).

La versatilidad estilística de Ibarra, qué duda cabe, es el aliciente número uno que el libro nos ofrece para justificar su lectura; a ello seguiría la simpatía con el lector conseguida mediante la mención a debates o ideas muy presentes en nuestra cultura, a saber, la aproximación al arte contemporáneo como mero instrumento para la integración en la multiplicidad de células sociales vigentes o el romance: “Íbamos a la exposición para ligar con aquellas tías, ahora ellos se las estaban trabajando y yo allí solo perdiendo el tiempo”, dice el narrador del cuento que da título al libro, temerario en la medida que no le importa desafiar el exceso de abstracción característico en el arte contemporáneo, aun a riesgo de perder la sintonía que lo vincula a su acompañante. Siguiendo con lo anterior, Ibarra disemina con acierto reflexiones colectivas sobre las relaciones humanas, un leitmotiv bastante agotado —no deja de ser complicado que a estas alturas de época postindustrial alguien pueda arrojar luz nueva sobre la economía de los sentimientos—, aunque, como decimos, asegura a la audiencia en la medida que esta atribuye al cuento cierta funcionalidad terapéutica; por ejemplo, cabe pensar que el repulsivo personaje de “La superstición” que explica el arte de seducir[1] encuentra su utilidad en el alivio de advertir cómo la instrumentalización de las relaciones es hoy moneda corriente, si bien, como posteriormente veremos, a Ibarra no parece satisfacerle demasiado cierto tipo de glosas.

En contraposición a lo anteriormente dicho, Mirar el agua cuenta con una serie de anticlímax que denotan nulo interés por atribuir un mínimo de sofisticación a los lugares comunes. “Una ventana en Via Speranzella” bucea con registro preciosista en la erótica de los artistas geniales pero desconocidos, hasta que topa con términos tan vulgares como “prestigiosas academias”, “renombrados artistas” o “círculos más exquisitos”; un modo demasiado perezoso para construir el aura de complejidad pretendida. Tampoco ayuda el pedantísimo nombre de la protagonista, Petra Menardi, que obliga al lector a preguntarse si lo que lee es un relato o un anuncio de perfumes low cost. Seguimos: “Escribir mientras Palestina” cuenta con cotas de verosimilitud insuficientes. El relato en primera persona de una periodista llegada a la geografía mediterránea (el arranque del texto es, de nuevo, formalmente muy prometedor) aparece contaminado por una afectación apabullante, una solidaridad de calado institucional, por tanto, impostada[2], que bebe del imaginario popular más superficial[3], e incluso se permite el conato de modernidad con un guiño a las nuevas tecnologías: “antes de salir del viaje, consulté en el buscador de Google esta referencia ‘mujer muerta por tanque Palestina’: 108 000 entradas”. He aquí los dos ejemplos más estridentes.

COSAS QUE HACEN BUM

Partamos de un ejemplo sonado: Roland Barthes. S/ Z constituye un caso épico de mofa entre los lectores pragmáticos, aquellos que rehúyen de las jergas universitarias y las interpretaciones obsesivas: ¿A qué demonios estaba jugando el semiótico cuando dedicó más de doscientas páginas a desmontar un relato corto? Su investigación sobre “Sarrasine” da pie a los críticos de la posmodernidad para denunciar eso que Zizek llama la tentación hermenéutica y la pirotecnia verbal de sus intelectuales. Todo un clásico del pensamiento contemporáneo (deslegitimar la pretensión de ciertos escritores por acosar e intimidar a su público) que recorre de Sebreli a Bricmont y Sokal o Bunge. Paradójicamente, el presunto posmoderno por antonomasia, David Foster Wallace, fue uno de los autores más brutales a la hora de hundir recursos como el relato self-consciousness. Dan cuenta de ello cuentos como “Octeto”, donde llega a admitir que la recepción probablemente ya haya abandonado el texto a causa de la pirueta formal, o el emblemático “Hacia el oeste, el avance del imperio continúa”, asedio al también barroquísimo “Perdido en la casa encantada”, de John Barth. Sáez de Ibarra se suma a la función en un progresivamente hostil relato titulado “La superstición de Narciso o aprender del que enseña”. Originalmente el cuento plantea la duda de si nos encontramos ante un ejercicio artesano/ mimético de Barth y compañía, o de un salivazo a los mismos. “La superstición” cuenta con varias herramientas definitorias para concretar los objetivos de Sáez: guiños a la obsesión intertextual (aunque no referencias a producciones contemporáneas, sino a Fernando de Rojas o el Arcipreste de Hita) + apelaciones que van de Baudrillard a Foucault o Wittgenstein (por si fuera poco, también hay cabida para profesores universitarios con nombres tan enigmáticos como E. Fernández) + notas a pie + jerga característica de la teoría literaria + autoconsciencia materializada en el juego de narradores empotrados, es decir, un crítico cuya identidad desconocemos interpreta un cuento de Javier Sáez, ocupando un ensayo que desafía la extensión del original. Y de nuevo: los enfrentamientos entre críticos y autores. La diversión del juego radica entonces en el recorrido hasta descifrar la ironía del crítico cabrón. Finalmente los bizantinismos se diluyen y encontramos cosas tales como “el pasado encuentro internacional sobre ‘El nuevo último cuento español reciente’ (Nanclares de Oca, 15-16 de julio)”, o las palabras finales del hermeneuta:

“Lo que no puedo consentir […] es que se organicen encuentros de especialistas […] para perder el tiempo acumulando comentarios nimios e insustanciales, fruto de aproximaciones apresuradas que no sirven al lector común y corriente más que para hacerle perder el tiempo, y que no contribuyen sino al acrecentamiento para unos pocos de su incorregible pedantería y su afán de notoriedad.”

Una reflexión al respecto: ¿Por qué la relación entre críticos y autores tiende a ser difícil, cuando cabría esperar un afán colaborador en beneficio de sortear al verdadero enemigo, la ansiedad de la influencia?


[1] “en determinados momentos debes sorprenderla tomando iniciativas que hagan cambiar el clima; es fundamental para que comprenda que tú tienes el dominio; el tío eres tú, cojones, y eso a ella la tiene que seducir”

[2] También característica del presidiario que escribe ficción en “Jerónimo G.”, que destila aroma a compasión cristianísima

[3] “Un policía apunta cuidadosamente a la cabeza de un chiquillo de once años, dispara”

POR ANTONIO J. RODRÍGUEZ (a.k.a IBRAHÍM BERLÍN



ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL PREMIO SETENIL


*Aquí está la lista de libros que se han presentado a la convocatoria. La mayoría siguen perteneciendo a la apuesta y el riesgo de editoriales pequeñas, al contrario que las grandes, que cada vez publican menos relato. Si excepcionalmente lo hacen, como Seix Barral o Alfaguara, es con autores muy conocidos. Fíjense: Anagrama con un solo título. Mondadori, ninguno. Tampoco Tusquets. Conclusión: es una verdadera pena que se den tan pocas oportunidades al género en las grandes ligas.

* Hay un generoso aumento los candidatos, lo cual es bastante bueno, si descontamos los que son autoedición encubierta.

* Hasta ahora se sabe que Aeropuerto de Funchal, el libro de Martínez de Pisón, parece no cumplir las bases de la convocatoria. Varios de los relatos recopilados en ese libro han sido editados previamente en libros anteriores, además de ser bien conocidos en su trayectoria. Es extraño que lo hayan admitido, porque en las bases hay una cláusula que lo prohíbe expresamente. Ya que estamos, no se priven de leer “Siempre hay un perro al acecho”, un relato extraordinario de Pisón.

* Dice la discutida nota de la organización.

[…] En esta sexta edición se ha batido el récord de participantes, que asciende a 74 títulos presentados, lo que demuestra la gran acogida por parte tanto de editoriales como de autores de todo el país (hasta ahora la media de participación rondaba los 50 títulos).
Entre los autores que optan a este VI Premio Setenil se encuentran algunos tan conocidos como Ignacio Martínez de Pisón, Juan Bonilla, Juan José Millás, José María Merino, Espido Freire, Vicente Molina Foix, José Luis Borau, Albert Sánchez Piñol o Miguel Ángel Muñoz.

Un premio supuestamente limpio no puede permitirse estos deslices. Cualquiera de los otros escritores de la lista, menos famosos, con menos pompa, menos talento o menos suerte, diría que esta nota de prensa del premio es algo canallesca, sospechosa y, sobre todo, de pésimo gusto.

* Sepan que el año pasado, Enrique Vila Matas pilló una buena rabieta porque no llegó a la final.

E.B.: —¿En Exploradores del abismo jugó con claves más cercanas a lo cotidiano, o simplemente le tendió una trampa a los lectores para que descifraran la complejidad que encierra el día a día?

V.M.: —Simulé que me había vuelto un ser normal, como me pedían algunos cretinos. De ese libro destacaría el ensayo final, el relato con Sophie Calle y la creación del misterioso funambulista que cruza toda la obra. El lobby del cuento en España ha opuesto una clarificadora resistencia a aceptarlo como un libro de cuentos perteneciente a un clan ortodoxo. Ha sido muy significativo. He roto con los esquemas del libro de cuentos que “se ha de hacer” en España cuando escribes un libro de cuentos y quieres que te den el aprobado los del Premio Setenil.<

Tan metaliterario y gallardo como es, ¿se habrá presentado este año con un seudónimo? ¿Ese seudónimo será el de su gemelo malvado, además de una treta vital-literaria? ¿Estará en la lista con el nombre de algún personaje de su obra? Estamos libres de cabronismo singermonrnig, porque es verdad que a nosotros Vila Matas nos gusta un montón-del-bueno. Palabra.

Enrique, hombre, hacen cátedras sobre tu obra en las universidades, te dan premios por toda Europa, seguramente seas doctor honoris causa de algo. No se puede ganar en todo. Hay que admitir que se es mortal.

* Como la pugna será terrible y hay candidatos estupendos, se agradecerá que digan sus favoritos, que meen fuera del tiesto con ganas, que se metan con los autores, que digan que el cuento está muerto.



Más allá de Chèjov
mayo 21, 2009, 8:50 am
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QUÉDATE  DONDE ESTÁS

Miguel Ángel Muñoz

Páginas de Espuma, Madrid,2009

Miguel Ángel Muñoz, autor de “El síndrome Chéjov”, nos obsequia con su segundo libro de cuentos, “Quédate donde estás” publicado en la editorial Páginas de Espuma.

Libro polifónico y ágil, en esta ocasión el autor almeriense vuelve a sorprendernos con un texto mucho más personal, en cuya materia se cata no sólo esa pericia técnica ya manifiesta en su primera colección de relatos, sino también una voz y una temática propias que le sitúan con pleno derecho en la literatura de la más reciente postmodernidad.

Lector avezado y heredero de algunas de las corrientes que transformaron la literatura norteamericana durante el siglo XX (Cheever, Ford, Salinger, Carver, Wolf), en los relatos de “Quédate donde estás”, Muñoz hace un retrato, casi una deconstrucción, de la precaria condición del sujeto contemporáneo, con sus paranoias y su negligencia, sus deseos y sus soledades. Haciendo gala de su habitual meticulosidad de científico, el autor describe esta condición humana valiéndose tanto de lo fantástico hiperbólico como del realismo sucio, la estructura clásica o la narración intimista, el lenguaje lírico, el publicitario e incluso el periodístico.

En la propuesta de los temas Muñoz explora también un plexo de posibilidades de la vida actual: el vacío en las relaciones, el destino, el mundo de internet, el éxito, el dinero, el absurdo, la literatura. Y es así como el lector se encuentra con propuestas tan distintas como la del humor fantástico de “Vitruvio”, en la que un escritor decide ponerse ocho brazos, “Los niños hundidos” sutil inmersión en el ámbito de lo extraño, la cheeveriana e intimista “Ropa de verano” o el sólido relato titulado “El reino químico”, a mi modo de ver el mejor del libro. Todo ello trabado en una amena red de situaciones planteadas con mucha imaginación y mayor destreza, que hará las delicias de los gustos más variados, garantizando algo más que un buen rato de lectura.


Por INÉS MENDOZA



Miscelánea

* En Tres rosas amarillas, nuestro querido Miguel Ángel Muñoz presenta hoy su segundo libro de relatos: Quédate donde estás. Como siempre, en la editorial espumosa. A las ocho de la tarde, todos preparados para el vinito, los anacardos y el buen hacer del autor y nuestros amigos libreros.

* Ha salido del número 0 de una nueva revista dedicada enteramente al relato corto, Al otro lado del espejo. Iniciativa que desde Masacre apoyamos con el peso de las pistolas y el corazón.  En contra: la selección de textos es muy desigual. Con algunas excepciones, el círculo de autores convocados peca (ligeramente) de endogamia. Qué quieren: Bukowski era un estupendo bebedor y poeta, pero un cuentista revenío, como el yogur, y prescindible. Esperemos que para el segundo número se amplíe la mirada y la selección mejore. A favor: pasión y deseo por que el género goce de más plataformas de difusión, además de algunos relatos interesantes, una propuesta potente y un diseño atractivo. Todo un camino tienen por recorrer estos locos del arte. Mucha suerte.

* Próximas reseñas, no necesariamente en este orden: El experimento Wolberg, Submáquina, Órbita. Quién sabe, a lo mejor alguna la escribe un pato. En caso de que alguien tenga algo que decir contra los patos, se las verá con nosotros.




La pregunta

Nuestro camarada Félix y otros blogs amigos se hacen eco del suculento Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, que acaba de convocar la editorial Páginas de Espuma. 50000 euros por un libro de relatos inédito. Para pensárselo, ¿verdad? Ustedes ya saben que, por mucho que nosotros no tengamos nada de inocentes, lo que nos gusta de verdad de la buena es tocarle las balaustradas al personal. Glon, glon, glon, glon. En consecuencia, no entendemos muy bien el funcionamiento, si no es precisamente para pensar mal y que nos cuaje el rostro una sonrisa de reptil.

 

-Hombre, era de esperar -se comentará en los cenáculos en un futuro próximo.

 Y aquí la pregunta.

 

¿Cómo es posible aceptar -sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza, cosa poco probable- que los manuscritos haya que mandarlos con nombre y apellido?

 

De aquellas lluvias, amigos, estos lodos.




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