Masacre en los jardines


Medardo Fraile recomienda “88 Mill lane”, de Juan Jacinto Muñoz Rengel
enero 15, 2009, 11:10 am
Archivado en: Reflexiones | Etiquetas: , , ,

  

 

 

 

 

Leo traducido el primer libro de relatos de John J. Rengel, titulado 88 Mill Lane, y descubro que a este escritor inglés le voy a seguir leyendo en adelante. A sus relatos, los califica el escritor argentino Pablo de Santis de “fantásticos”; sí, pero encierran una lucha tenaz y bien ganada para ser verosímiles, porque el primer intrigado por lo que en ellos ocurre es el que los escribe. Estos cuentos de Londres, sin embargo, no son de John J. Rengel, sino de un malagueño que tiene aire becqueriano, habla como un suspiro y se llama Juan Jacinto Muñoz Rengel, y publicó 88 Mill Lane cuando cumplía los treinta años, de los que todavía anda cerca. Sus relatos son diez blancos en la diana, muy bien escritos, entre los que yo destacaría “La sociedad secreta del sueño”, “La marquesa de Sieteiglesias”, “Las dos navajas”, “La casa de Strawbrooke” y “El desván de Thomas Carlyle”, sin olvidar los otros.

 

88 Mill Lane no nos ofrece esa fantasía que, al no insinuarse por ninguna parte si entramos o salimos de casa o entramos o salimos de nosotros mismos, nos da igual, aunque merezca elogios por inusitada, por su riqueza o por estar bien escrita. En los relatos de Muñoz Rengel hay mucho más. “La Sociedad Secreta del Sueño”, expresa, in extremis, nuestros sueños secretos irrealizados y nuestra querencia a admirar o acercarnos a los que consiguieron hacerlos realidad. “La marquesa de Sieteiglesias” tiene toda la garra de esas leyendas de Artemio de Valle-Arizpe sobre la dominación española en México, a las que el lector, pese a todo, recuerda como si las hubiera vivido en otro tiempo. La degeneración de esa aristócrata es el mejor exponente de una sociedad saturnina con olor a molusco eclesial putrefacto saturado de incienso y enloquecida por supersticiones y un martilleo incesante de campanas. “Las dos navajas” lleva a cabo lo más sensato que pueda hacer jamás un español: inmolar a los dos bandos de la Guerra Civil, matando a navaja a dos de sus iniciadores más palmarios en un bando y otro. “La casa de Strawbrooke”, en fin, es una historia de amor singularísima, muy compleja y cruel que, por fraguarse en un caletre femenino, no parece imposible. Y “El desván de Thomas Carlyle” es, sencillamente, un prodigio de invectiva, equilibro y control. Pero no hay que olvidarse de las otras historias –lo dije antes– que componen el libro.

 

Medardo Fraile (Madrid, 13 de marzo de 1925) es un escritor español a menudo adscrito a la llamada “generación del medio siglo” y uno de los principales exponentes del cuento español de la segunda mitad del siglo XX. Ha publicado también teatro, novela, ensayo y crítica literaria.

   



Nosotros, todos nosotros quisiéramos ser un escritor como Víctor García Antón

 


Confesaba un reputado editor -cuyo nombre obviaré por la confidencia- que su editorial sólo publica libros de cuentos, cuando:

 

a).- la colección reúne dos relatos antológicos (para posteriores antologías del género),

b).- a los que se vinculan otros cinco relatos excelentes (que el lector fiel recuerda con devoción),

c).- que se suman a tres o cuatro muy buenos relatos (que le dan unidad al libro),

d).- que se alzan por encima de uno o dos relatos tan sólo buenos (que son los que los críticos nombran al final para que su sesuda reseña no parezca una felación al autor).

 

Pues bien. Nosotros, todos nosotros, el segundo -y esperado- libro de cuentos de Víctor García Antón (Teruel, 1967) cumple muchos de estos axiomas. Si no, relean -como yo- esta colección de relatos y luego me comentan en petit comité. Además, García Antón, con este reciente libro, comienza a mostrarnos algo sustancial en su obra: su obsesión, ese tema que lo define como escritor, que no es otra que la IMPOSIBILIDAD, esa otra cara del deseo. O como él mismo lo definía en una entrevista de hace dos años: “Cuando empezamos a escribir estamos muy preocupados con encontrar nuestros temas, nuestro estilo, nuestra voz”. Creo que, con éste, su segundo parto, García Antón, ha encontrado esa voz.

 

Dicho esto, abordo el libro. Y me es difícil hablar de Nosotros, todos nosotros, porque en el prólogo del gran maestro cuentista Medardo Fraile está dicho todo. No hay forma de eludir las palabras de Fraile cuando dice que está tan bien escrito que, por eso, es tan verdadero. Leyendo estas palabras liminares de Fraile, a uno se le queda cara de cacatúa cuando intenta mejorarlas o tan sólo emularlas.

 

Nosotros, todos nosotros es una decena de cuentos en las que el autor turolense camina por senderos más simbólicos que su anterior colección. En Amor del bueno (Premio Caja España, 2004) García Antón ficcionaba historias de amor bajo una estructura claramente monzoniana: Quim Monzó ponía el marco y García Antón pintaba el lienzo. Eran, aquéllos, relatos tiernos, absurdos, cargados de lirismo, pero que siempre mantenían latente la eterna guerra de sexos bajo el epicentro del deseo. García Antón, en Amor del bueno, plasmaba que entre hombres y mujeres enamorados el único obstáculo es el TIEMPO: ellas quieren ahora; y ellos, tal vez, después.

 

En su nuevo libro Nosotros, todos nosotros, el Deseo sigue ahí, pero los obstáculos son otros. Si somos lo que deseamos, también somos lo que nos impiden SER -quizás por ese motivo el título del libro se conjuga en primera persona del plural-. Ahora, las barreras son la autoridad, la muerte, la ambición, la falta de reconocimiento; y, sobre todo, en ciertos relatos, emerge el PADRE, algo tan freudiano. Lean, si no, el microcuento Canasta.

 

Si en Amor del Bueno, García Antón estaba ya experimentando relatos de voz, como La mujer que viene a cenar esta noche, por ejemplo, en Nosotros, todos… ha dejado de experimentar y, con esta su manera de narrar, se lanza al vacío, donde lo importante no es quién -o qué se dice-, sino CÓMO SE DICE.

 

El escritor turolense es honesto en este sentido. Él forma parte del grupo surrealista La llave de los campos. Él también participa de los 22 dogmas en torno al cuento breve que dicho colectivo enuncia. Cito uno de ellos: “La escritura de un cuento deberá transparentar sus influencias”. De la primera página a la última, García Antón muestra su honestidad: nombra a Samuel Beckett y a Thomas Bernhard. Del primero, filtra lo simbólico de su escritura; del segundo, la digresión como arte de contar historias. De ahí que Nosotros, todos... sea un libro de voz en el que cada historia la podemos interpretar desde un punto de vista subjetivo, en que cada lector codifica el mensaje a su manera, participando, haciéndola suya.

 

Así, encontramos relatos como El gobierno del solar -para mí el mejor de la colección, junto con Un tigre de Bengala-, donde un operario con chaleco reflectante se ocupa de abrir las puertas a los camiones que vuelcan tierra en los cimientos de un solar. La autoridad a la que estamos sometidos por imperativo laboral se simboliza en este relato como algo absurdo y reprochable. También leeremos, como digo, Un tigre de Bengala, como el cuento en el que su protagoniza intenta practicar para convertirse en ese animal tan idolatrado: ¿es el deseo de ser tigre de Bengala, el deseo de ser un gran escritor? Cada uno que lo interprete a su manera. Pero, además, divisamos relatos tan descarnados como Últimas palabras a mi padre, la historia de angustia de un hijo que teme que los funcionarios de un cementerio se equivoquen a la hora de grabar el deseado epitafio en la lápida del progenitor fallecido. O La estela de las mujeres, quizás el relato más cercano a Amor del Bueno.

 

Y así podría seguir hasta reseñar cada uno de estos diez cuentos -quizás el primero es el menos certero, por su temática intimista y por su ubicación, abriendo el libro-. En estos relatos dominan las sinécdoques, que les imprimen una fuerte carga simbólica, el surrealismo le da un toque onírico y la lírica de las metáforas de cada línea nos regalan costuras poéticas y sensoriales de las que nunca debería adolecer un buen cuento.

 

Es una pena que este libro de García Antón no se encarame entre los libros más vendidos, que no se coloque junto a los pijamas de rayas, las sombras del viento o los pilares de la tierra. Es una pena que la editorial que lo publica no le de más visibilidad o que García Antón no hubiera tenido paciencia para dar el salto hacia mejores posiciones en los anaqueles de las librerías (¿lineales los llaman las editoriales medianas?) Pero, claro, como dice un reputado escritor, los libros no son para comprarlos, sino para leerlos.

 

Yo estoy seguro que Nosotros, todos nosotros se convertirá en una colección de cuentos que pasará de mano en mano, del que hablará gracias al boca boca. Éste es un libro -y esto lo digo sin temor a equivocarme- que se convertirá en un título de culto para futuros cuentistas que merodeen los caminos simbolistas. Será como un objeto de fetiche, una colección con la que cabalgar hacia nuevos territorios literarios, un título que debería estar, por ello, en todas las alforjas. Nosotros, todos nosotros es, en definitiva, el libro que todos quisiéramos escribir, como así lo ha escrito Víctor García Antón.

 

NOSOTROS, TODOS NOSOTROS

Víctor García Antón

Gens, 2008

 

David González Torres (Santa Cruz de Tenerife, 1970) es periodista y escritor -inédito, si descontamos ciertas antologías-. Reside en Madrid desde 1998 y es fundador y director de la revista de curiosidad literaria Aviondepapel.com desde 2000 y del cuaderno de bitácora o blog literario El Hueco del Viernes desde 2007. Ahora mismo tiene marcado en su calendario de 2008 el lanzamiento de una televisión literaria on line. Entre sus escasos galardones, recibió el Premio Comunicación 2004 de la Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid por el CD Multimedia PROYECTO CORTÁZAR, UN VIAJE LITERACTIVO, proyecto on line que aún está vivo en la Red.

 




Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.