Masacre en los jardines


Más allá de Chèjov
mayo 21, 2009, 8:50 am
Archivado en: Reseñas | Etiquetas: , , , , , , , ,

QUÉDATE  DONDE ESTÁS

Miguel Ángel Muñoz

Páginas de Espuma, Madrid,2009

Miguel Ángel Muñoz, autor de “El síndrome Chéjov”, nos obsequia con su segundo libro de cuentos, “Quédate donde estás” publicado en la editorial Páginas de Espuma.

Libro polifónico y ágil, en esta ocasión el autor almeriense vuelve a sorprendernos con un texto mucho más personal, en cuya materia se cata no sólo esa pericia técnica ya manifiesta en su primera colección de relatos, sino también una voz y una temática propias que le sitúan con pleno derecho en la literatura de la más reciente postmodernidad.

Lector avezado y heredero de algunas de las corrientes que transformaron la literatura norteamericana durante el siglo XX (Cheever, Ford, Salinger, Carver, Wolf), en los relatos de “Quédate donde estás”, Muñoz hace un retrato, casi una deconstrucción, de la precaria condición del sujeto contemporáneo, con sus paranoias y su negligencia, sus deseos y sus soledades. Haciendo gala de su habitual meticulosidad de científico, el autor describe esta condición humana valiéndose tanto de lo fantástico hiperbólico como del realismo sucio, la estructura clásica o la narración intimista, el lenguaje lírico, el publicitario e incluso el periodístico.

En la propuesta de los temas Muñoz explora también un plexo de posibilidades de la vida actual: el vacío en las relaciones, el destino, el mundo de internet, el éxito, el dinero, el absurdo, la literatura. Y es así como el lector se encuentra con propuestas tan distintas como la del humor fantástico de “Vitruvio”, en la que un escritor decide ponerse ocho brazos, “Los niños hundidos” sutil inmersión en el ámbito de lo extraño, la cheeveriana e intimista “Ropa de verano” o el sólido relato titulado “El reino químico”, a mi modo de ver el mejor del libro. Todo ello trabado en una amena red de situaciones planteadas con mucha imaginación y mayor destreza, que hará las delicias de los gustos más variados, garantizando algo más que un buen rato de lectura.


Por INÉS MENDOZA



La melancolía de los monstruos

La soledad de los ventrílocuos

LA SOLEDAD DE LOS VENTRÍLOCUOS

Matías Candeira

Tropo editores

Zaragoza, 2009.

No sé si los ventrílocuos son gente solitaria, pero sí afirmo la capacidad de Matías Candeira para convencernos de la melancolía de sus marionetas. Lo consigue gracias a su notable dominio de los recursos narrativos, que provoca que planteamientos de complicada verosimilitud alcancen auténtica altura literaria. Posee, además, un estimable conocimiento de las emociones más complejas y, lo que resulta aún más difícil, sabe mostrarlas sobre el papel con la necesaria concisión (lo que no implica pérdida de sentido, sino adaptación a las necesidades del género). Los mejores relatos de «La soledad de los ventrílocuos» obligan al lector más severo a replantearse sus prejuicios frente a la narrativa más lúdica y fantástica.


Una de las influencias primordiales de Matías Candeira es la vertiente más mágica de la narrativa iberoamericana, una fuente demasiadas veces desdeñada pero fructífera si se maneja con prudencia, sin dejarse llevar por el frenesí del trópico. Candeira, como el barman de un viejo hotel, sabe mezclar los influjos más exuberantes con ciertos vestigios de realismo sucio, materializado en finales abiertos y esos elementos extracotidianos, cercanos al surrealismo, que siempre aparecen en los mejores relatos de la estirpe carveriana. Es el de Candeira un mundo que no sé si es irreal pero sin duda se sitúa más allá  de lo que perciben nuestros limitadísimos sentidos. Mantiene la templanza suficiente para que sus personajes sufran y disfruten de pensamientos profundos e identificables -que cualquiera podríamos vivir en nuestra gris cotidianeidad- en situaciones cercanas al delirio.

Gracias a su templanza y a su control de la siempre compleja dosificación del azar se mueve con soltura en el difícil ámbito de la comedia aunque, cuando el relato lo precisa, sabe cambiar de registro, hacia tonos incluso negros:  “La historia comienza en el mismo lugar donde todo desaparece: la mesa metálica, la luz de neón, los bisturís brillantes, los fórceps, y con esa coloración de los maderos que pasan mucho tiempo bajo el agua, el cuerpo de una mujer”. También acierta en otros campos de alta dificultad, como la elección de espacios o la utilización de los objetos, convertidos casi siempre en perfectos correlatos objetivos. Además es un excelente dialoguista. El uso de tan difícil recurso en relato corto es bien distinto del que merece en el largo recorrido. Su dosificación debe ralentizarse y la selección debe ser mucho más certera.

Consigue que nos encontremos frente a una obra compacta, lo que siempre resulta difícil en un volumen donde los narradores, los registros y las dimensiones son muy distintos. Cambia de lo entrañable a lo patético, de lo intimista a lo grotesco, dejando siempre un extraño e indefinible poso de inquietud y evitando el riesgo de la caída en la monotonía o en la disgregación. No molestan las dimensiones variables de los relatos ni la distinta densidad de las tramas.

Sin embargo, no todo es perfecto en «La soledad de los ventrílocuos». El vigor narrativo se difumina cuando se adentra en distancias demasiado largas. «La segunda vida», relato que ocupa casi una cuarta parte del libro, es una hermosa narración gótica (en su variante Nueva Inglaterra) pero se sitúa en un peligroso terreno intermedio, en el que pierde esa contundencia que parece consustancial al mejor relato breve sin alcanzar totalmente el aliento de la novela, emplazándose en una posición intergenérica que no alcanza el brillo de sus hermanas pequeñas. También muestra ligeros desajustes formales, que no ciegan los méritos pero deberían resolverse en futuras obras: aunque maneje con soltura mecanismos poéticos: (…larga trinchera de edificios goteantes, romos, que resplandecían levemente por la baja luz como las tumbas de un panteón) en ocasiones los adjetivos se disparan y roza la obviedad.

Si, como afirma Constantino Bértolo en «La cena de los notables», la función de la crítica es mediar entre el lector y el editor y juzgar no las obras, sino las propuestas editoriales, la labor de Tropo merece un aplauso, ya que está publicando a algunos de los mejores relatistas de nuestro país.

Por RECAREDO VEREDAS



Espejos de Lincoln
julio 31, 2008, 11:15 am
Archivado en: Reseñas | Etiquetas: , , , , , ,

  

La figura de Juan Carlos Márquez, como personaje no en lo personal, ha adquirido un tono realmente interesante: comentarista incendiado y autor de polémicas en torno a la generación de narradores pangeicos, había dejado comentarios incendiarios en la red, siendo como mínimo polémico y desencantado. En el cordial mundo de los escritores esto no es otra cosa que una buena señal, parte de la literatura misma y a veces el epicentro sobre el que se construyen las ficciones, como hicieron Truman Capote o Norman Mailer.

Por eso este crítico esperaba mucho, algo a la altura de la encendida polémica, del debut de Márquez, Oficios. No hay en el libro ni un cuento mal narrado, ninguna inconexión narrativa, ni ningún abuso propio del debutante. Todo lo contrario: en Márquez todo se respira correcto, bien pulido, y es algo que parece ligarle a una nueva camada de narradores jóvenes y frescos, entre los que destacan Víctor García de Antón, temprano poeta de la deformidad del realismo, o Ignacio Ferrando, un alumno aventajado de la escuela anglosajona de Hipólito G. Navarro. Resulta indudable pues que la sombra de Ángel Zapata, Quim Monzó o Eloy Tizón es evidente en estos nuevos cuentistas. 

Otro debut similar a este Oficios es El síndrome Chéjov de Miguel Ángel Muñoz. Los libros de los debutantes deberían ser también replanteamientos para los críticos, que en sus acercamientos pecan también de correctos, por lo tanto descorteses. Había en el debut de Muñoz un cuento, El rapto de Woody Allen, capaz de revelar a un narrador con un humor negrísimo, doloroso y obsesionado con las manifestaciones de lo horrible, de lo mórbido, más cerca de la Nueva Carne de Clive Barker y David Cronenberg que de la ya anquilosada herencia de Charles Bukowski o Raymond Carver.

Y precisamente son estos dos nombres las claves de Márquez. Habló en su día Umbral de los angloaburridos y puede que este mal ya remita a la literatura en castellano, y al relato en particular. Cualquier literatura es forma, es lenguaje. Fue Camilo José Cela el que exploró las posibilidades del lenguaje áspero en sus novelas, para bien y para mal. No hay lenguaje en Márquez, como tampoco hay presencia de lo confesional. Hay una sombra de eso que podríamos llamar el posmodernismo débil, en el que cada cuento remite a un autor: el de Faquires, por ejemplo, es la enésima broma woodyalleniana, cuyo humor, por intertextual y referencial, tiene una tradición que empieza en S.J. Perelman desde el New Yorker. Funciona bien Faquires en la red, en la blogoesfera, cuya condición de relato entre posts lo eleva. De nuevo, el problema está en el medio, no tanto en el relato. Allen ya formaba parte de una tradición. Acceder a este tipo de humor sin ir un paso más allá o al costado no sólo —es obvio— condiciona la formación del discurso, sino que desvía el sentido del relato mismo. 

Un libro de cuentos, decía García Antón, es un ser vivo.  Y en Norteamérica Profunda Márquez consigue algo de eso. Podemos asumir que los mayores defectos de Oficios, su imprecisión y su ausencia de voz, se van a convertir en su mayor virtud: este narrador sólo parece interesado en recrear el imaginario popular, las situaciones arquetípicas de una serie de narradores y hasta de géneros, con la misma y exacta poesía. Hay al menos una posibilidad como narrador en Márquez: como una suerte de Stephen King extraviado, triste y hasta melancólico. La tierra en pedazos, revisitación de Hearts in Atlantis, se sueña Wolff, igual que King busca en la herencia de su idioma, y se encuentra King. El segundo relato igual: La milla verde viene a nuestra mente. 

Hombres heridos, que huyen, como el propio Márquez renuncia al estilo, se sueña invisible y consigue parecerse traducido. Sin embargo este bloguero prefiere a la lengua en su asperidad que el estilo falso, forzado, traducido. Norteamérica Profunda tiene mucho de homenaje sentimental a escritores, relato por relato, y comparte su condición de debilidad posmoderna, de pérdida por lugares comunes antes que inventarse el propio, pero no hay en su propuesta intertextualidad alguna, el homenaje y la mirada misma no devienen ni constituyen un discurso irónico, extraño. Son cuentos, en su mayoría, eficaces y también bien construidos. Por eso las revelaciones divinas de John Middleton no son verdaderas, porque lo fueron las de Salinger, que construyó toda su obra, incipiente, en las iluminaciones o encuentros mesiánicos con la muerte y lo divino. Y en Márquez, que maneja con soltura los resortes genéricos de la novela negra, la redención no ocurre sencillamente en el lenguaje, ello obstruye que ocurra en la ficción.

 

OFICIOS, Juan Carlos Márquez; Castalia, 2008.

NORTEAMÉRICA PROFUNDA, Juan Carlos Márquez, Ayuntamiento de montijo, 2008.

Por ALVY SINGER

 



Un sueño realizado
marzo 30, 2008, 7:59 pm
Archivado en: lee esto mamá | Etiquetas: , ,

Una noche, soñó Antón Chèjov que, en un siglo brumoso, un dependiente despachaba un libro suyo con olor a mandarina. El comprador del sueño —por lo demás, un hombre de nariz ganchuda y que hacía pausas roncas al respirar y decía en voz baja “ojalá le guste y me quiera, ojalá”— tenía referencias de un cuento de aquel libro ajado, donde dos jóvenes amantes se deslizaban por una ladera de nieve montados en un trineo. Mientras el dependiente consultaba un fichero, el comprador entornó los ojos quedamente. Había detenido la mirada en una estantería de aquella tienda soñada en un dibujo firme, con olor a barniz, que llegaba hasta el techo. Un segundo después preguntaba asombrado.

—¿Y todos estos libros?

Son cuentos —respondió el dependiente—. Todos los libros de cuentos que usted sueñe.

Este sueño ya tiene lugar, tiempo y soñadores que nos lo abran ante los ojos como una flor extraña y maravillosa.  La única librería de España especializada en relato. Ahí que lo vamos a gozar. 

Photobucket

 San Vicente Ferrer, 34 (cerca de la Plaza del Dos de Mayo)

Metros Tribunal, Noviciado y Bilbao.

Aunque ya pueden ir a comprar si quieren, la inauguración será el día 10 de abril, a las ocho de la tarde. Es posible que aparezcamos vestidos de hijos de putilla y quememos una mala novela junto al respetable –y cuentista- público.




Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.