Archivado en: Reseñas | Etiquetas: Carver, Cheever, Cuento, Miguel Ángel Muñoz, Onetti, Páginas de espuma, Relato, Richard Ford, Salinger

QUÉDATE DONDE ESTÁS
Miguel Ángel Muñoz
Páginas de Espuma, Madrid,2009
Miguel Ángel Muñoz, autor de “El síndrome Chéjov”, nos obsequia con su segundo libro de cuentos, “Quédate donde estás” publicado en la editorial Páginas de Espuma.
Libro polifónico y ágil, en esta ocasión el autor almeriense vuelve a sorprendernos con un texto mucho más personal, en cuya materia se cata no sólo esa pericia técnica ya manifiesta en su primera colección de relatos, sino también una voz y una temática propias que le sitúan con pleno derecho en la literatura de la más reciente postmodernidad.
Lector avezado y heredero de algunas de las corrientes que transformaron la literatura norteamericana durante el siglo XX (Cheever, Ford, Salinger, Carver, Wolf), en los relatos de “Quédate donde estás”, Muñoz hace un retrato, casi una deconstrucción, de la precaria condición del sujeto contemporáneo, con sus paranoias y su negligencia, sus deseos y sus soledades. Haciendo gala de su habitual meticulosidad de científico, el autor describe esta condición humana valiéndose tanto de lo fantástico hiperbólico como del realismo sucio, la estructura clásica o la narración intimista, el lenguaje lírico, el publicitario e incluso el periodístico.
En la propuesta de los temas Muñoz explora también un plexo de posibilidades de la vida actual: el vacío en las relaciones, el destino, el mundo de internet, el éxito, el dinero, el absurdo, la literatura. Y es así como el lector se encuentra con propuestas tan distintas como la del humor fantástico de “Vitruvio”, en la que un escritor decide ponerse ocho brazos, “Los niños hundidos” sutil inmersión en el ámbito de lo extraño, la cheeveriana e intimista “Ropa de verano” o el sólido relato titulado “El reino químico”, a mi modo de ver el mejor del libro. Todo ello trabado en una amena red de situaciones planteadas con mucha imaginación y mayor destreza, que hará las delicias de los gustos más variados, garantizando algo más que un buen rato de lectura.
Por INÉS MENDOZA
Archivado en: Reseñas | Etiquetas: Carver, Constantino Bértolo, Cuento, La cena de los notables, Matías Candeira, realismo mágico, realismo sucio, Relato, Tropo Editores

LA SOLEDAD DE LOS VENTRÍLOCUOS
Matías Candeira
Tropo editores
Zaragoza, 2009.
No sé si los ventrílocuos son gente solitaria, pero sí afirmo la capacidad de Matías Candeira para convencernos de la melancolía de sus marionetas. Lo consigue gracias a su notable dominio de los recursos narrativos, que provoca que planteamientos de complicada verosimilitud alcancen auténtica altura literaria. Posee, además, un estimable conocimiento de las emociones más complejas y, lo que resulta aún más difícil, sabe mostrarlas sobre el papel con la necesaria concisión (lo que no implica pérdida de sentido, sino adaptación a las necesidades del género). Los mejores relatos de «La soledad de los ventrílocuos» obligan al lector más severo a replantearse sus prejuicios frente a la narrativa más lúdica y fantástica.
Una de las influencias primordiales de Matías Candeira es la vertiente más mágica de la narrativa iberoamericana, una fuente demasiadas veces desdeñada pero fructífera si se maneja con prudencia, sin dejarse llevar por el frenesí del trópico. Candeira, como el barman de un viejo hotel, sabe mezclar los influjos más exuberantes con ciertos vestigios de realismo sucio, materializado en finales abiertos y esos elementos extracotidianos, cercanos al surrealismo, que siempre aparecen en los mejores relatos de la estirpe carveriana. Es el de Candeira un mundo que no sé si es irreal pero sin duda se sitúa más allá de lo que perciben nuestros limitadísimos sentidos. Mantiene la templanza suficiente para que sus personajes sufran y disfruten de pensamientos profundos e identificables -que cualquiera podríamos vivir en nuestra gris cotidianeidad- en situaciones cercanas al delirio.
Gracias a su templanza y a su control de la siempre compleja dosificación del azar se mueve con soltura en el difícil ámbito de la comedia aunque, cuando el relato lo precisa, sabe cambiar de registro, hacia tonos incluso negros: “La historia comienza en el mismo lugar donde todo desaparece: la mesa metálica, la luz de neón, los bisturís brillantes, los fórceps, y con esa coloración de los maderos que pasan mucho tiempo bajo el agua, el cuerpo de una mujer”. También acierta en otros campos de alta dificultad, como la elección de espacios o la utilización de los objetos, convertidos casi siempre en perfectos correlatos objetivos. Además es un excelente dialoguista. El uso de tan difícil recurso en relato corto es bien distinto del que merece en el largo recorrido. Su dosificación debe ralentizarse y la selección debe ser mucho más certera.
Consigue que nos encontremos frente a una obra compacta, lo que siempre resulta difícil en un volumen donde los narradores, los registros y las dimensiones son muy distintos. Cambia de lo entrañable a lo patético, de lo intimista a lo grotesco, dejando siempre un extraño e indefinible poso de inquietud y evitando el riesgo de la caída en la monotonía o en la disgregación. No molestan las dimensiones variables de los relatos ni la distinta densidad de las tramas.
Sin embargo, no todo es perfecto en «La soledad de los ventrílocuos». El vigor narrativo se difumina cuando se adentra en distancias demasiado largas. «La segunda vida», relato que ocupa casi una cuarta parte del libro, es una hermosa narración gótica (en su variante Nueva Inglaterra) pero se sitúa en un peligroso terreno intermedio, en el que pierde esa contundencia que parece consustancial al mejor relato breve sin alcanzar totalmente el aliento de la novela, emplazándose en una posición intergenérica que no alcanza el brillo de sus hermanas pequeñas. También muestra ligeros desajustes formales, que no ciegan los méritos pero deberían resolverse en futuras obras: aunque maneje con soltura mecanismos poéticos: (…larga trinchera de edificios goteantes, romos, que resplandecían levemente por la baja luz como las tumbas de un panteón) en ocasiones los adjetivos se disparan y roza la obviedad.
Si, como afirma Constantino Bértolo en «La cena de los notables», la función de la crítica es mediar entre el lector y el editor y juzgar no las obras, sino las propuestas editoriales, la labor de Tropo merece un aplauso, ya que está publicando a algunos de los mejores relatistas de nuestro país.
Por RECAREDO VEREDAS
Archivado en: lee esto mamá | Etiquetas: Carver, Chèjov, Librería Tres rosas amarillas
Una noche, soñó Antón Chèjov que, en un siglo brumoso, un dependiente despachaba un libro suyo con olor a mandarina. El comprador del sueño —por lo demás, un hombre de nariz ganchuda y que hacía pausas roncas al respirar y decía en voz baja “ojalá le guste y me quiera, ojalá”— tenía referencias de un cuento de aquel libro ajado, donde dos jóvenes amantes se deslizaban por una ladera de nieve montados en un trineo. Mientras el dependiente consultaba un fichero, el comprador entornó los ojos quedamente. Había detenido la mirada en una estantería de aquella tienda soñada en un dibujo firme, con olor a barniz, que llegaba hasta el techo. Un segundo después preguntaba asombrado.
—¿Y todos estos libros?
—Son cuentos —respondió el dependiente—. Todos los libros de cuentos que usted sueñe.
Este sueño ya tiene lugar, tiempo y soñadores que nos lo abran ante los ojos como una flor extraña y maravillosa. La única librería de España especializada en relato. Ahí que lo vamos a gozar.

San Vicente Ferrer, 34 (cerca de la Plaza del Dos de Mayo)
Aunque ya pueden ir a comprar si quieren, la inauguración será el día 10 de abril, a las ocho de la tarde. Es posible que aparezcamos vestidos de hijos de putilla y quememos una mala novela junto al respetable –y cuentista- público.
