Masacre en los jardines


ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL PREMIO SETENIL


*Aquí está la lista de libros que se han presentado a la convocatoria. La mayoría siguen perteneciendo a la apuesta y el riesgo de editoriales pequeñas, al contrario que las grandes, que cada vez publican menos relato. Si excepcionalmente lo hacen, como Seix Barral o Alfaguara, es con autores muy conocidos. Fíjense: Anagrama con un solo título. Mondadori, ninguno. Tampoco Tusquets. Conclusión: es una verdadera pena que se den tan pocas oportunidades al género en las grandes ligas.

* Hay un generoso aumento los candidatos, lo cual es bastante bueno, si descontamos los que son autoedición encubierta.

* Hasta ahora se sabe que Aeropuerto de Funchal, el libro de Martínez de Pisón, parece no cumplir las bases de la convocatoria. Varios de los relatos recopilados en ese libro han sido editados previamente en libros anteriores, además de ser bien conocidos en su trayectoria. Es extraño que lo hayan admitido, porque en las bases hay una cláusula que lo prohíbe expresamente. Ya que estamos, no se priven de leer “Siempre hay un perro al acecho”, un relato extraordinario de Pisón.

* Dice la discutida nota de la organización.

[…] En esta sexta edición se ha batido el récord de participantes, que asciende a 74 títulos presentados, lo que demuestra la gran acogida por parte tanto de editoriales como de autores de todo el país (hasta ahora la media de participación rondaba los 50 títulos).
Entre los autores que optan a este VI Premio Setenil se encuentran algunos tan conocidos como Ignacio Martínez de Pisón, Juan Bonilla, Juan José Millás, José María Merino, Espido Freire, Vicente Molina Foix, José Luis Borau, Albert Sánchez Piñol o Miguel Ángel Muñoz.

Un premio supuestamente limpio no puede permitirse estos deslices. Cualquiera de los otros escritores de la lista, menos famosos, con menos pompa, menos talento o menos suerte, diría que esta nota de prensa del premio es algo canallesca, sospechosa y, sobre todo, de pésimo gusto.

* Sepan que el año pasado, Enrique Vila Matas pilló una buena rabieta porque no llegó a la final.

E.B.: —¿En Exploradores del abismo jugó con claves más cercanas a lo cotidiano, o simplemente le tendió una trampa a los lectores para que descifraran la complejidad que encierra el día a día?

V.M.: —Simulé que me había vuelto un ser normal, como me pedían algunos cretinos. De ese libro destacaría el ensayo final, el relato con Sophie Calle y la creación del misterioso funambulista que cruza toda la obra. El lobby del cuento en España ha opuesto una clarificadora resistencia a aceptarlo como un libro de cuentos perteneciente a un clan ortodoxo. Ha sido muy significativo. He roto con los esquemas del libro de cuentos que “se ha de hacer” en España cuando escribes un libro de cuentos y quieres que te den el aprobado los del Premio Setenil.<

Tan metaliterario y gallardo como es, ¿se habrá presentado este año con un seudónimo? ¿Ese seudónimo será el de su gemelo malvado, además de una treta vital-literaria? ¿Estará en la lista con el nombre de algún personaje de su obra? Estamos libres de cabronismo singermonrnig, porque es verdad que a nosotros Vila Matas nos gusta un montón-del-bueno. Palabra.

Enrique, hombre, hacen cátedras sobre tu obra en las universidades, te dan premios por toda Europa, seguramente seas doctor honoris causa de algo. No se puede ganar en todo. Hay que admitir que se es mortal.

* Como la pugna será terrible y hay candidatos estupendos, se agradecerá que digan sus favoritos, que meen fuera del tiesto con ganas, que se metan con los autores, que digan que el cuento está muerto.



Recaredo Veredas recomienda “Una tumba, Numa”, de Juan Benet
noviembre 4, 2008, 8:53 am
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Está de moda considerar a Benet como un autor plúmbeo, continuador y creador de una tradición provinciana y elitista, que premiaba excesivamente los alardes formales y despreciaba olímpicamente al lector. Tal vez muchas de sus obras se ajusten milimétricamente a tan popular cliché, pero no “Una tumba” y “Numa”. Son dos relatos excepcionales, que demuestran el dominio de Benet sobre el género y, sobre todo, que podía modular a su antojo la distancia que mantenía con su querido, y con frecuencia desquiciante, oximorón. Es una pena que no utilizara el autocontrol con más frecuencia. En ambos relatos realiza un profundo estudio sobre dos de sus sentimientos más queridos: la espera y la perseverancia, que inevitablemente culminan en un honorable fracaso.

Descubrí a Benet hace unos quince años, de la mano de un viejo amigo, triste –o felizmente, eso nunca se sabe- alejado. El vigor poético de su prosa, tan ajeno a nuestra literatura, me deslumbró. Como todos los deslumbramientos continuados, terminó en ceguera y lentamente comencé a intuir sus debilidades: esa extraña manía por ocultar las peripecias y por exhibir su fortaleza estilística aun a costa de la propia obra. Leí Numa durante un viaje a Cáceres en autobús. Hacía mucho calor, tenía resaca y aunque las reflexiones del guardián sobre la importancia de su función, tan cercanas al absurdo, y la pausada evolución de la tumba me vencieran un par de veces nunca olvidaré –espero- la nitidez y contundencia del desenlace y la denodada insistencia del vigilante en el cumplimiento de su deber.

Recaredo Veredas es autor del libro de relatos “Pendiente” y del manual de escritura “Cómo escribir un relato y publicarlo”. Fue profesor de creación literaria en Escuela de Letras. Colaborador de “La tormenta en un vaso” y creador del blog “La línea recta”. Lector y corrector en numerosas editoriales.  



Elvira Navarro recomienda “Cuentos reunidos”, de Clarice Lispector
octubre 24, 2008, 10:26 am
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 Afirma Marguerite Duras en Escribir que los hombres poseen un “derecho a decir” absolutamente desconocido por las mujeres. El decir, ya lo sabemos, es un legislar sobre el mundo: no es raro que en cualquier reunión de amigos los hombres acaben apoderándose de la conversación, que además suele versar, en virtud de ese poder, sobre cosas y no sobre sentimientos. Esto que digo es un tópico y, como tal, tiene algo de verdad y algo de mentira. Si tiro de él es porque la verdad que encierra, esa brecha que se abre en la sobremesa del restaurante entre los sectores femenino y masculino, a mí me interesa juntarla con lo que Agustín García Calvo va diciendo sobre las mujeres, a saber: que nosotras ocupamos, o hemos ocupados durante mucho tiempo, el lugar de la indefinición, que es el que escapa al lenguaje, a la legislación masculina. Que presentarnos desenfocadas ha sido la única manera de huir del dominio de los hombres: lo informe es la libertad contra la que se estrella el Poder.

Todo esto es muy general y casi místico, lo sé; sin embargo, aplicado a Clarice Lispector funciona. La escritora brasileña escribió desde su sexo con exclusividad, y la región que logró alumbrar no es la de la sometida (entiendo lo de “sometida” en una doble acepción: la de la evidente y clásica esclava del marido, y la de la liberada mediante la asunción de roles masculinos), sino la de la libertad que pregona García Calvo, esa libertad ingobernable mediante las palabras (uno de los ejes de la narrativa de Lispector es precisamente el de los límites del lenguaje), y desde la que es posible vivir. Es decir: donde nadie arrebata el ser, ni lo categoriza.

Por lo demás, los cuentos de Clarice Lispector son, salvo algunos pasajes de Cerca del corazón salvaje y Aprendizaje o el libro de los placeres, lo mejor de su obra.

Elvira Navarro nació en Huelva en 1978. Desde los dieciocho años reside en Madrid, donde se licenció en Filosofía por la Universidad Complutense. Ganó el primer premio de narrativa en el Certamen de Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid en el año 2004, y entre 2005 y 2008 disfrutó de una beca del Ayuntamiento de Madrid y la Residencia de Estudiantes. La editorial Caballo de Troya publicó en marzo de 2007 su primer libro, La ciudad en invierno, por el que fue elegida Nuevo Talento Fnac.

 

 



Javier Puche recomienda “Cuentos completos”, de Julio Ramón Ribeyro
septiembre 8, 2008, 10:07 am
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Heredero directo de Chéjov y Maupassant, el narrador peruano Julio Ramón Ribeyro logró urdir a lo largo de su precaria existencia una admirable colección de cuentos sobre el fracaso que dio en llamar La palabra del mudo, en homenaje a quienes carecen de voz propia y deambulan como espectros por los márgenes de la realidad. 

Sin duda, Ribeyro representa al escritor que uno querría ser: alguien desprovisto de vanidad, reacio a todo fulgor mediático, entregado con todas sus fuerzas a la composición de una obra emocionante y lúcida. Relatos como Silvio en El Rosedal, La juventud en la otra ribera o Sólo para fumadores merecen un silencioso aplauso de interminable duración.

Javier Puche es licenciado en Filología Hispánica. Ha trabajado como corrector de estilo, como crítico musical y como guionista de televisión. Sus cuentos han sido publicados en diversas revistas y antologías. Mantiene un blog literario llamado Puerta Falsa, dedicado principalmente a la ficción ultrabreve.



Carlos Salem recomienda “Final de juego”, de Julio Cortázar
agosto 31, 2008, 11:54 pm
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En la actualidad se puede conseguir en la edición de bolsillo de Punto de Lectura, en la colección que sacó Alfaguara en 2004, coincidiendo con el 20 aniversario de su muerte, o  integrado en colecciones de Cuentos Completos de Cortázar. Lo leí cuando tenía 14 años y me jodió la vida. Por suerte, creo. Cuentos como “La noche boca arriba” me envenenaron  con la convicción de que había otras formas de narrar. Otros, del mismo libro, como “Continuidad de los parques”, me demostraron que las paradojas no sólo funcionaban en los relatos de ciencia ficción que por entonces yo leía sin discriminar, al peso y con esa persistencia de mula que sólo tienes a los 14. Casi cada cuento de ese libro (lo leí unas diez veces el mismo verano), me fue abriendo ventanas para lo que ya quería hacer. Y al mismo tiempo me asustaban esas ventanas, porque me hacían pensar que nunca podría hacerlo tan bien. Hablando de ventanas, mi cuento inolvidable de ese volumen es “No se culpe a nadie”, el del tipo que se pone el jersey y siente que al salir las manos por las mangas serán las de un monstruo. (No cuento más por si alguien no lo ha leído) Todavía hoy, 34 años más tarde, cuando llega el invierno y me pongo un  jersey, siento durante unos segundos la misma inquietud: ¿Qué saldrá del otro lado?

Carlos Salem (Buenos Aires, 1959). Reside en España desde 1988.  Poemarios: “Te he pedido amablemente que te mueras“, “Foto Borrosa con mochila“, y “Poemas al otro lado de la barra“. Novelas: “Camino de ida” (Salto de página, 2007), Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón 2008 a la mejor primera novela policial,  Matar y guardar la ropa” (Salto de página, 2008). Ultima su próxima novela, “Pero sigo siendo el rey“.  Codirige el espacio cultural Bukowski club, en Madrid, y mantiene el blog El huevo izquierdo del talento




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