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	<title>Masacre en los jardines</title>
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	<description>Las cabezas caerían sobre el césped vibrante</description>
	<pubDate>Wed, 14 May 2008 07:00:19 +0000</pubDate>
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		<title>Gilipollas de mi corazón</title>
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		<pubDate>Tue, 13 May 2008 20:31:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

		<category><![CDATA[Anagrama]]></category>

		<category><![CDATA[Quim Monzó]]></category>

		<category><![CDATA[Relato]]></category>

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		<description><![CDATA[
La literatura está infectada de arribistas, de niños buenos y de conmovedores pajecillos.
Ángel Zapata
Están muy de moda las piruetas narrativas, ese canje de saber –o aún peor, de entretenimiento estridente— que dicta el canon para toda ficción. Recuerden todos esos grandes dramas en cartoné, templarios, guerracivilandias aburridísimas (y sin George Saunders), soldados que ponen una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal" style="text-align:center;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><img class="aligncenter" src="http://i228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/Milcretinos.jpg" alt="" width="141" height="205" /></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><em></em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:right;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><em>La literatura está infectada de arribistas, de niños buenos y de conmovedores pajecillos.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:right;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Ángel Zapata</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;color:#333333;font-family:Verdana;">Están muy de moda las piruetas narrativas, ese canje de saber –o aún peor, de entretenimiento estridente— que dicta el canon para toda ficción. Recuerden todos esos grandes dramas en cartoné, templarios, <em>guerracivilandias </em>aburridísimas (y sin George Saunders), soldados que ponen una rosa roja en el pecho de su compañero muerto en la trinchera o le dan un besito entre lágrimas, espías enamoradas e inconfesos folletines revestidos de solemnidad y una nutrida cantidad de metáforas de mercadillo. Pero lo que desde luego no se estila —ahí va nuestro primer agradecimiento— es escribir sobre imbéciles, sobabullas, pagafantas, cretinos y otras carnes magras del amplio zoológico emocional. Y, por qué no decirlo, dándole un par de guantazos a esa especie de bayeta con moho que es el canon del cuento. Sí, se van a hacer ustedes unas cuantas pajas.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:#333333;font-family:Verdana;">¿Se considera Monzó un cretino integral? Al menos, evidencia una verdad: sabe escribir sobre la gilipollez reinante. Inútil resulta a estas alturas seguir reseñando sus influencias —<em>qué kafkiano, oiga</em> / <em>Y tú qué gilipollas</em>— cuando las señas de identidad las conoce todo aquel que haya seguido su trayectoria: asepsia, distancia, aspereza y brillantez en la elección del suceso íntimo propio del cuento. No hay interés en la dirección, ni por supuesto afán de prestigiarse como un gran narrador. Todo está en la dimensión secreta de lo elegido, muchas veces un hecho minúsculo que en sus cumbres y valles tiende peligrosamente a la anécdota leve. Si Monzó prescinde del aparataje de la épica es para erigirse como mirón, un voyeur que comparte su instrumental de disección con nosotros y en <em>Mil cretinos</em> resulta mucho más cercano que en otras ocasiones. Hay ternura y, pese a todo, le resulta difícil maquillarla. Él mismo confiesa que lo escribió tras una época terrible previa a la muerte de sus padres. La corrosión habitual de sus libros anteriores convive en esta compilación con cierta lucidez y humanidad, mucho menos interesante en la segunda parte del libro por su abierta condición de relleno o reciclaje de piruetas ya emprendidas. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;color:#333333;font-family:Verdana;">En la primera parte de <em>Mil cretinos</em> se recogen sus cuentos amortajados —podrían llamarse así—: todo respira una atmósfera pútrida, tratada con una distancia envidiable y a veces transida de una ternura que no empaña las virtudes de la narración. Alguien que vacila entre el ser y el dejar de ser en <em>El señor Beneset</em>, cuento recordatorio de las mejores películas de Wilder por su tratamiento del travestismo, sucio, delicioso en esa naturalidad con la que ese señor de bigote blanco se pone unas bragas de blonda. Recuerden que, en esencia, todo en Monzó es íntimo porque es especular, un reverso de una miseria. Es grotesco. Es muy leíble pero, déjense de engaños, no es entretenido. Hay que agradecerle al catalán que prescinda de la corrección política para retratar esa zona oscura, esa periferia social, que se da los asilos, lugares donde se va a <em>no ser.</em> Su paroxismo es tan negro que en <em>La llegada de la primavera</em> se equipara a los límites fílmicos trazados por Azcona y Berlanga, un relato que tiene dos escenas absolutamente geniales: una casa abandonada, cementerio de bolsas de basura en clave de vertedero emocional, y el largo diálogo <span> </span>en el que los ancianos se replantean sus opciones de suicidio. No sabemos si Monzó ha leído a Zizèk y su magnífico ensayo sobre las zonas fantasmáticas en las películas de Hitchcock —el retrete o el pantano supurante de <em>Psico</em>—, pero nos parece que la sangre anciana se va a ese <em>no lugar </em>del que hablaba el sueco. Ya tienen ustedes deberes.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;color:#333333;font-family:Verdana;"><span style="color:#000000;">“[…] Tendría que ser algo más discreto, y por eso hemos pensado en cortarnos las venas […] El problema es que, si nos cortamos las venas en la ducha, que es lo lógico para no mancharlo todo, entonces la sangre iría por el desagüe y aparecería por los desagües de las duchas de otras habitaciones, de forma que, cuando viesen que por los agujeros del pie de ducha aparece sangre, enseguida buscarían de dónde viene esa sangre y nos descubrirían antes de que hubiéramos muerto</span>”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span><span style="color:#333333;"> <em>S</em><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><em>ábado</em></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><em> </em>es esa pirueta monzoniana del antiestilo. <em>Sábado</em> es todo: un esquinado tour de force; un aluvión notarial de acciones mecánicas e incómodas; una ausencia de retórica por toda la jeta; y, literalmente, un correlato objetivo gigantesco. Al final hay crueldad, cierta mutilación que resignifica lo leído hasta expandir sus límites. Hay todo el Monzó del mundo. Si no es el mejor del libro, se acerca.</span></span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:#333333;font-family:Verdana;">No sabemos si el título de <em>El amor es eterno</em> es en realidad una burla hacia la esclavitud emocional: alguien que sabe que el otro va a morir y se revela incapaz de alejarse aunque no quede nada de la unidad común. Seguramente lo sea viniendo de Monzó, que entrega aquí uno de los cuentos mejor ejecutados y partícipe de la corriente temática —qué cosa tan placentera, oigan— de la imbecilidad común. Si se lo leen un par de veces verán que nunca dejamos de asistir a esa historia sobre dos anormales que se vuelven a “querer”.</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:#333333;font-family:Verdana;">Tras una interesante cita de Roland Topor, la cretinización -repitan con nosotros: cre-ti-ni-za-ción&#8230; vaya, están muy guapos cuando ponen esa cara de idiotas- galopante continúa en la segunda parte del libro, livianamente desarrollada y sólo rescatable cuando el autor es fiel a la (aparente) intencionalidad de derribo, no ya crítico, sino abiertamente personal. Escribir sobre lo que a uno le enerva y, de paso, ofrecer narrativa de primer nivel. El problema (nos parece) viene cuando Monzó se aleja de su sardónica mesa de operaciones. Textos como <em>Otra noche</em>, <em>La sangre del mes que viene</em>,<em> El reborde desusado </em>o<em> Cualquier tiempo pasado </em>—de una candidez cretina; preferimos cualquier agitador cultural voceando la narcosis colectiva derivada de la televisión antes que una narración tan obvia—<em> </em>se leen con el libro en una mano y el mechero en la otra<em>. </em>Con todo, el catalán no se olvida de compensar este último tramo con algunos saltos mortales. Si el efecto de la literatura y nuestro modo de acceder a ciertos libros pudiera estar basado en un órgano, <em>Mil Cretinos</em> respondería del ojo. Monzó prescinde del aburrido proceder de muchos microrrelatos antologados y reantologados. Obvia las paradojas y la pirotecnia. Es cámara crítica y no narrador que <em>cierra</em> ni se adhiere al <em>uncuentodebeser</em>. No se puede estar más de acuerdo con el reverso siniestro que deja la última imagen de <em>Shiatsu —</em>un bar lleno de estudiantes que se parecen a las avecillas de<em> Los pájaros, </em>¡corran!<em>—,</em> la furia hacia la educación y obediencia cristiana en <em>Un corte</em> o la hiperbólica imbecilidad de los protagonistas de <em>La plenitud del verano.</em> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:#333333;font-family:Verdana;">También en este tramo de <em>Mil cretinos</em> quedan rastros de aquel Monzó apegado a la pequeña ficción y sus recovecos metaliterarios, en este caso, ligeramente devaluada porque el espectro de los cuentos —reformulación sardónica del <em>fairy tale</em>, el escritor enfrentado al propio acto de entregar una ficción impracticable o los subtipos más agrestes— suenan a reciclaje. <em>Una noche, </em>otra óptica de todas esas bellas dormidas del imaginario<em>,</em> hubiera resultado mucho más juguetón (aunque ya lo es como parodia) como crónica de una necrofilia pasada por un filtro de los hermanos Grimm, pero prescindiendo de ese final circense, sin su “<em>la princesa tiene que levantarse</em>” bien conocido. <em>La alabanza</em> —de la primera parte— resulta reiterativo en su tramo último, aunque permanece esa lucidez hacia otro mal endémico del escritor novel: ofrecer a toda costa su obra a los escritores admirados, esa búsqueda de apadrinamiento casi enfermiza. Con todo, dice Pablo Muñoz (AKA Alvy Singer) en el especial de la revista Quimera sobre Monzó que <em>Treinta líneas</em> es uno de los más logrados del libro. Tiene toda la razón: treinta líneas no obvia hacer transparente una ideología hacia los que, falsariamente, aseguran tener mucho que decir; y tampoco se guarda de criticar sin ambages a esos cenáculos de cuentistas estupendos que se vanaglorian del <em>margen </em>y no tienen la menor idea de lo que es. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#333333;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">A</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">migos, las cosas de cretinos se leen con gusto. </span></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Quim Monzó lo ha vuelto a hacer.</span></span></span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">MIL CRETINOS, Quim Monzó (Anagrama, 2008 )</span></p>
<div></div>
<p><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:right;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Por <a href="http://masacreenlosjardines.wordpress.com"><span style="color:#ff0000;">MASACRE</span></a></span></p>
<p> </p>
<p></span></p>
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		<title>EL CUENTISTA DICE, AL CUENTISTA LE DICEN</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Apr 2008 10:32:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Ni lo intentes con Hojas de Creamshave (1). Pasan de leérselo / Así que cuentos… ¿para niños? / El día que Aenpunto publique a alguien de menos de sesenta tacos, abriremos una botella de champán / “Hola, me llamo G. Y soy cuentista”. “Hooooola, G” / ¿Cuartillas de crema? ¿Apostar por nuevos talentos? Desengáñate, llevan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;color:#333333;font-family:Verdana;">Ni lo intentes con <em>Hojas de Creamshave </em>(1). Pasan de leérselo / Así que cuentos… ¿para niños? / El día que <em>Aenpunto </em>publique a alguien de menos de sesenta tacos, abriremos una botella de champán / “Hola, me llamo G. Y soy cuentista”. “Hooooola, G” / ¿<em>Cuartillas de crema</em>? ¿Apostar por nuevos talentos? Desengáñate, llevan siete años viviendo de los autores que sacaron en esa antología/ ¿De veras soportas los decálogos, dodecálogos y suputamadrecálogos? / ¿Relatos? Pero eso es como la poesía, ¿no? / Te has vendido a la novela, infraser. No queremos verte la jeta por nuestro selecto club/ Ese cuento apesta a taller / Deja de imitar a Quim Monzó / He pedido <em>Velocidad de los jardines </em>(blasfemia entrecortada) y me han mirado como si fuera tuberculosa / Sí, fui decimoquinto accésit en Calasparras. Vaya mierda de cuento que ganó, ¿eh? / El cuento entraña mayor dificultad que la novela/ Yo sólo escribo novelas para descansar de los cuentos / Una colección de relatos que augura grandes frutos para este joven autor… / Como me has pedido que publique algo, tenía por ahí estos cuentos…/ <span> </span>He quemado los relatos de verano de El País. Dios mío, esa gente debería ser gaseada</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:8.5pt;color:#333333;font-family:Verdana;">* Pues sí, los nombres tienen truco. Leer <em>Masacre </em>es más entretenido que los crucigramas.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:8.5pt;color:#333333;font-family:Verdana;">* Si como lectores, escritores de cuentos o ambas cosas recuerdan alguna sentencia de similar bizarrismo, nos la pueden enviar y la añadiremos gustosamente.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<div class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:8.5pt;color:#333333;font-family:Verdana;">* Hemos buscado en google la palabra “cuentista” para ilustrar la entrada con alguna foto. La primera imagen que aparece es una mujer introduciéndose un objeto pequeño en esa zona que ha dado tanta literatura.</span></span></div>
<img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/masacreenlosjardines.wordpress.com/37/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=masacreenlosjardines.wordpress.com&blog=1652117&post=37&subd=masacreenlosjardines&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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		<title>Un sueño realizado</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Mar 2008 19:59:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[lee esto mamá]]></category>

		<category><![CDATA[Carver]]></category>

		<category><![CDATA[Chèjov]]></category>

		<category><![CDATA[Librería Tres rosas amarillas]]></category>

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		<description><![CDATA[Una noche, soñó Antón Chèjov que, en un siglo brumoso, un dependiente despachaba un libro suyo con olor a mandarina. El comprador del sueño —por lo demás, un hombre de nariz ganchuda y que hacía pausas roncas al respirar y decía en voz baja “ojalá le guste y me quiera, ojalá”— tenía referencias de un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Una noche, soñó Antón Chèjov que, en un siglo brumoso, un dependiente despachaba un libro suyo con olor a mandarina. El comprador del sueño —por lo demás, un hombre de nariz ganchuda y que hacía pausas roncas al respirar y decía en voz baja “ojalá le guste y me quiera, ojalá”— tenía referencias de un cuento de aquel libro ajado, donde dos jóvenes amantes se deslizaban por una ladera de nieve montados en un trineo. Mientras el dependiente consultaba un fichero, el comprador entornó los ojos quedamente. Había detenido la mirada en una estantería de aquella tienda soñada en un dibujo firme, con olor a barniz, que llegaba hasta el techo. Un segundo después preguntaba asombrado.</font></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">—¿Y todos estos libros?</font></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"><font size="3" face="Georgia">—</font>Son cuentos —respondió el dependiente—. Todos los libros de cuentos que usted sueñe.</font></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Este sueño ya tiene lugar, tiempo y soñadores que nos lo abran ante los ojos como una flor extraña y maravillosa. <span> </span>La única librería de España especializada en relato. Ahí que lo vamos a gozar.</font></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"> </font></span></span></span></p>
<p><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></p>
<div style="text-align:center;"><img border="0" width="301" src="http://i228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/logotresrosasamarillas.jpg" alt="Photobucket" height="299" style="width:289px;height:260px;" /></div>
<p><a target="_blank" href="http://s228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/?action=view&amp;current=logotresrosasamarillas.jpg"></a></p>
<p><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"></font></span></span></span></span></p>
<p></span></span></span></p>
<p align="center"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"> <span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:130%;"><font color="#ff9900">San Vicente Ferrer, 34 (cerca de la Plaza del Dos de Mayo) </font></span></p>
<div align="center"><font color="#ff9900"></font></div>
<div align="center"><span style="font-size:130%;"><font color="#ff9900"></font></span></div>
<div align="center"><span style="font-size:130%;"><font color="#ff9900">Metros Tribunal, Noviciado y Bilbao.</font></span></div>
<p></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span></span></span></span></font></span></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Aunque ya pueden ir a comprar si quieren, la inauguración será el día 10 de abril, a las ocho de la tarde. Es posible que aparezcamos vestidos de hijos de putilla y quememos una mala novela junto al respetable –y cuentista- público. </font></span></span></span></span></p>
<p><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span></span></span></span></p>
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		<title>Homeland: los mil hogares de John Cheever.</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Mar 2008 12:41:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

		<category><![CDATA[Fitzgerald]]></category>

		<category><![CDATA[John Cheever]]></category>

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		<description><![CDATA[  
Francis Scott Fitzgerald tenía muy claro en el Gran Gatsby que el hogar no existe, o al menos es una fiesta cuyos invitados van a marcharse (a otra fiesta mejor) de un momento a otro. O que es una fiesta en la que es posible que llegue un día en el que ya no estés [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="center"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"> </span></span><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><a target="_blank" href="http://s228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/?action=view&amp;current=New_Yorker_Cover_Nov_8_04.jpg"><img border="0" width="184" src="http://i228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/New_Yorker_Cover_Nov_8_04.jpg" alt="New yorker" height="564" style="width:148px;height:197px;" /></a></span></span><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"> </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Francis Scott Fitzgerald tenía muy claro en <i>el Gran Gatsby</i> que el hogar no existe, o al menos es una fiesta cuyos invitados van a marcharse (a otra fiesta mejor) de un momento a otro. O que es una fiesta en la que es posible que llegue un día en el que ya no estés invitado.  ¿Soluciones? Pocas, así a bote pronto. </font></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><font color="#333333">J.D. Salinger, seguidor confeso de Fitzgerald, ya nos enseñó que ninguna parte es, sorpresa, ningún lugar. Y mientras Kerouac se lanzaba a la crónica de una generación sin rumbo (¡y sin todavía una guerra, que Corea estaba por venir!), John Updike le escribió una coda deliciosa. O al menos así me gusta pensar en <i>Corre Conejo</i>, como en una novela experimental.  No por lo que roba de Robbe-Griillet (un experimentalismo que podría traducirse en un prólogo narrando ¡un partido de béisbol! Nunca antes, ni siquiera después, su autor se sometería a tan loco tour de force) sino por lo que tiene de contemporánea. Está ese hogar por llegar. Harry “Conejo” Angstrom sabe que lo que le ocurre junto a Janice, novia de instituto deformada por la bebida y, tal vez, por el paso de los días, no tiene mucho de lo que sé como casa. Y Updike reserva hasta el final el principio de su, podríamos argumentar, kerouaquiana huida, en busca de nuevos sitios, aunque se traten de ningún hogar verdadero. Luego, Updike nos describió cómo Rabbit descubría que esta juventud sin juventud podía ser contagiosa y hasta terriblemente degenerativa. Las miles de acepciones de &#8220;ninguna parte&#8221;.</font></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><font color="#333333">En este maremoto está John Cheever. En sus historias están los solitarios viajeros de Kerouac pero consumidos por la antiépica y seducidos por la exquisita y elegante decadencia italiana. Tampoco esquiva cierta contemporaneidad con el mejor Salinger, el cuentista abrupto que abrió una brecha demasiado perdurable con <i>A perfect day for bananafish</i>. No puedo pensar que todo Updike parte de ese cuento fantástico que es <i>El Ladrón de Shady Hill </i>(publicado en el New Yorker, magazine que compartían Updike y Cheever, cuatro años del debut novelístico del primero): un morador que consigue su gloria en ese momento en el que puede sentirse a sus anchas en los hogares del otro. El Voyeur Robbe-Grilletiano atrapado en el microcosmos del suburbio, ese lugar Dantesco —como nos enseñaría también Richard Yates— que con <i>Vía Revolucionaria </i>explicaba con todo lujo de detalles el rostro terrorífico que se esconde detrás de las casas con jardín que encandilaron a tantos espectadores en <i>The Dick Van Dyke Show</i>.</font></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><font color="#333333">También de voyeurs con cierto tono profético habló Cheever en <i>La Enorme Radio</i> (publicado también en el New Yorker, en 1947) capaz de hablar con lucidez de entonces y también de ahora: “Son personas tan buenas ¿verdad? Tienen rostros tan amables.” La radio, empieza a emitir entonces la vida de los otros y lo que al principio es divertido para su matrimonio protagonista, Los Wescott, pronto deviene en adicción a la desgracia, esbozos mínimo de compasión, forma discreta de apartar la vista sobre la propia vida y jactarse de la ajena (¿acaso hay metáfora mejor del reality show?). </font></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"></span><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><font color="#333333">De repente, surgen las preguntas y ya conocemos su respuesta. “Somos felices ¿verdad?”</font> </span></font></span></p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;">POR ALVY SINGER</span><span><font size="3" face="Times New Roman"> </font></span></font></span></p>
<img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/masacreenlosjardines.wordpress.com/35/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=masacreenlosjardines.wordpress.com&blog=1652117&post=35&subd=masacreenlosjardines&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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		<pubDate>Sun, 16 Mar 2008 12:50:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Oh, Leoncio, oh… 
Nuestra promesa es que no nos hemos ido, pese a que Masacre huela a cadáver y los vecinos anden aporreando la puerta. Lo que tan tristemente sucede es que llevamos dos meses sin encontrar un libro de cuentos que nos sea posible amar u odiar sin ambages.  
Oh, Leoncio, oh… 
Pero vamos a volver, se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Oh, Leoncio, oh…</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Nuestra promesa es que no nos hemos ido, pese a que <em>Masacre</em> huela a cadáver y los vecinos anden aporreando la puerta. Lo que tan tristemente sucede es que llevamos dos meses sin encontrar un libro de cuentos que nos sea posible amar u odiar sin ambages. </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Oh, Leoncio, oh…</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Pero vamos a volver, se lo aseguramos.</span></p>
<img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/masacreenlosjardines.wordpress.com/33/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=masacreenlosjardines.wordpress.com&blog=1652117&post=33&subd=masacreenlosjardines&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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		<title>Lluvia en el cuarto, por Matías Candeira</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jan 2008 17:08:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

		<category><![CDATA[Carlos Castán]]></category>

		<category><![CDATA[Cuento]]></category>

		<category><![CDATA[Museo de la soledad]]></category>

		<category><![CDATA[Tropo Editores]]></category>

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Me resulta bastante difícil penetrar en la mitología de un autor como Carlos Castán habiendo leído primero y con alegría el que para mí es su mejor libro, Frío de vivir, y entrando ahora en Museo de la Soledad, que Tropo editores, una prometedora editorial afincada en Zaragoza, ha reeditado hace muy pocos meses. Mis [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="justify"><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"><a target="_blank" href="http://s228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/?action=view&amp;current=Museodelasoledad.jpg"></p>
<div style="text-align:center;"><img border="0" width="146" src="http://i228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/Museodelasoledad.jpg" alt="Museo de la soledad" height="226" style="width:116px;height:170px;" /></div>
<p></a></span></font></p>
<p><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"></span></font><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"></span></font><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"></span></font><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"></span></font><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"></span></font><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"></span></font><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"></span></font><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"></span></font><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"></span></font><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"></span></font><font color="#333333"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"></p>
<p style="line-height:16pt;text-align:justify;margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#000000"></font></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Me resulta bastante difícil penetrar en la mitología de un autor como Carlos Castán habiendo leído primero y con alegría el que para mí es su mejor libro, <i>Frío de vivir</i>, y entrando ahora en Museo de la Soledad, que Tropo editores, una prometedora editorial afincada en Zaragoza, ha reeditado hace muy pocos meses. Mis sensaciones encontradas con el libro me remiten a una película para explicarme, esa modélica <i>screwball</i> que es <i>Las tres noches de Eva. </i>En ella, Preston Sturges rueda dos escenas memorables que son la constatación de una genialidad y virtud loable en el creador: la capacidad de emocionar y, más tarde, reformular esos mismos recursos de la épica amorosa para reírse de sí mismo. O dicho de otro modo, la consabida distancia irónica del <i>ecriteur,</i> muy necesaria según qué casos. En la primera de ellas, Henry Fonda, un ciclotímico millonario estudioso de las serpientes, declara a una bellísima Bárbara Stanwick su amor bajo el influjo de la luna, la cubierta de un crucero y ese espíritu de pomposidad y deliciosa sofisticación que predominaba en un género trágicamente en desuso. Ésa escena siempre me emociona de la misma manera. Mucho metraje después, el golpe de gracia de Sturges cae como una daga: Fonda vuelve a usar esas palabras frente a la misma mujer, ahora fingiendo ser una hermana gemela de la antigua, con mentiras y embustes familiares de por medio. Plano cerrado. Un caballo percherón mete la cabeza entre los dos tórtolos y se afana en lamer la cara de Fonda cada vez que intenta declararle su amor a la maravillosa chica. Ahí radica uno de los grandes aciertos de, por muchas otras cosas, una película estupenda: la misma escena que antes te atravesaba, ahora te entrega la posibilidad de reírte a carcajadas y sin ambages. </font></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Creo que algo de esa pátina le hubiera venido bien en su momento de escritura a <i>Museo de la Soledad</i>, un conjunto de relatos con varios destellos de luz pero, también, arrebatos en exceso emocionales, una distancia tonal tristemente sacrificada en el correr de la historia y una pulsión sobre el dolor que se toma demasiado en serio a sí misma. Castán, bien lo sabe el cuentista, es un autor que escribe como Dios, y<i> Museo de la soledad</i> acuna varios destellos para tejer la densidad de de su imaginario, poderoso, y en <i>Frío de vivir</i>, talento verdadero para escribir sobre una asfixia provinciana –me viene a la cabeza Simenon y su Maigret-, oscura, donde discurre la sangre, el recuerdo, las cartas no escritas, la tristeza devastadora de los bulevares y los portales en penumbra, lo siniestro de la maldad, todo lo perdido. Cuentos sobre un viaje interior marcado por el dolor del pasado, en continuidad, sin recuperación posible.</font></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Mi primera reticencia viene porque creo que <i>Museo de la sole</i>dad es un verdadero <i>under construction </i>de <i>Frío de vivir</i>, que curiosamente se publicó antes, y lo que en el primero me parece evocación poética en siembra, con sus tanteos y bandazos, en el segundo alcanza cotas bastante más memorables. ¿Puedo explicármelo? Difícil. Yo, lo reconozco, soy más de este último, me parece de un autor mucho más maduro y sugerente en su escritura. Por esa razón estoy convencido de que el campo semántico utilizado en este volumen le hace flaco favor a los relatos, repletos de “lluvia”, “corazón”, “tinta”, “dolor”, “soledad”, “tristeza”, “amor” y demás palabras peligrosas como el amonal, lo que, per se, no necesariamente tendría que ir en detrimento de la calidad –mucho me cuido de afirmar algo así- pero que, me parece, derivan más de lo deseable en narraciones fallidas; en fin, un discurso hermoso y triste a un tiempo pero que, a la postre, lucha entre imágenes convencionales, texturas demasiado tópicas, evocación poética de segunda. Un ejemplo es <i>Casi Marino</i>, donde las virtudes estilísticas se rebajan con los desaciertos de la voz; hay aquí cierta melancolía tosca que deriva en pura nostalgia adolescente. El texto, eso sí, tiene un enorme acierto en su resolución: cuando uno de los protagonistas pretende reformarse hacia un hombre ideal y que ayuda a las ancianitas a cruzar la calle, es precisamente cuando la otra parte, una nostálgica chica apostada en la ventana, deja de quererle. </font></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">No hay luz en el camino para los protagonistas de cuentos como <i>Con sangre entra</i> ó <i>Ola de frío</i>: uno de los que me parece menos logrado, rozando lo kistch. La vista de ese paralítico mandando rosas todos los viernes y quedándose atascado en mitad de la nevada —que me perdone quien esto le suene a sorna cruel— me provoca cierto sonrojo, como esas narraciones sobre mujeres maltratadas, pizzeros sin futuro o inmigrantes, que tanto se comen en concursos de asociaciones pro-loquesea. Ni siquiera me ayuda el hecho de que este relato se base en una noticia del periódico. Quizá es que soy un chico desalmado que destripaba ranas de pequeño, no lo sé,<span>  </span>pero creo que, en literatura, si se usa la querencia de los personajes por no tomar distancia de su extremo dolor, hay que atemperar la sentimentalidad, hacer de la fiesta del lenguaje el manual de un cirujano y no una explosión de artillero, pues se corre el riesgo de convertir el cuento en involuntariamente cómico o desautorizarlo a través de un lenguaje sobre el amor y la tristeza que suena a doxa, enfermo de solemnidad, como los edificios con demasiado peso que se derrumban. Una cosa es una convicción construida sobre la no-esperanza, tristeza quizás de un pasado perpetuamente revivido, y otra no domar lo que en el relato tiene que sacar dentro de su propio corazón. Por usar una metáfora entre lo literario y lo sentimental, creo que la nostalgia es la reedición de la propia vida cuando ya nadie –ni uno mismo- tiene mucho interés en comprarse ese libro. Cierto que suenan auténticos, <i>de dentro, </i>pero no sé si podría entender como una virtud que el personaje que habla en muchos esté bastante más lejos de lo humanamente emotivo o sano –si es que alguno estamos sanos- y a kilómetros de esa contención que se precisa, o al menos yo preciso leer, para emocionar. </span></span></font></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></font><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Ya se sabe que las lecturas son parciales, tendenciosas, volubles, y no por ello quiero dejar de decir que <i>Museo de la Soledad</i> contiene varios cuentos buenos o muy buenos. Me parece así <i>Viaje de regreso</i>, con el que comienza la compilación, soberbiamente escrito y con densidad, poética, de sugerencia, giro final interesante y asunción de una derrota tan cierta como terrible: el pasado es una construcción mental y puede vengarse de nosotros. Lo que hemos amado ha sido erigido desde la realidad, no obedece más que a una parcialidad en la percepción. Guardo un buen recuerdo de la primera vez que lo leí, hace años, en plenos exámenes de junio, biblioteca y aburrimiento mediante, y ahora también. Mencionaba antes mi querencia por la distancia irónica porque Castán también guarda unas cartas marcadas muy paladeables en esa liga. <i>Muchas veces querida Ana, </i>un<span>  </span>relato híbrido entre lo epistolar y la primera persona, contiene un juego de identidad muy interesante, y mientras la voz de la carta peca de la misma excesiva solemnidad y candidez prístina que a mí me lleva a mal traer, la segunda vibra suave, como música, como la verdad humana que es estar a la sombra de un hermano y saber contarlo bien. <i>De la suerte y las cosas, </i>que suena dulcemente a esas ceremonias tan íntimas, las de uno, intransferibles a otro tiempo que no sea la medianoche: la penumbra del cuarto como una crisálida vencida en el corazón, y escuchar, escuchar el patio vacío del edificio mientras suena alguna canción querida. <i>Cenizas en los labios</i>, comedido y hermoso con su narrador que se ve reflejado en otros, parte de una variedad de hombres fascinantes que viven en la sombra.<i> La religión de los heterónimos</i>, podría titularse.</span> </span> </font></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">El título del libro se usa con acierto dentro una de las narraciones que más me seduce del volumen, <i>El aroma de lo oscuro</i>, con, ciertamente, aroma a toda esa filmografía y literatura del American Gothic, en su trasunto nacional. Pienso al leerlo en la primera versión de <i>La matanza de Texas</i> (Tobbe Hopper, 1974), en <i>Museo de cera </i>(André de Toth, 1953) en<i> El Extraño Viaje </i>(Fernando Fernán Gómez, 1964), alguna vena de la filmografía de Edgard Neville, ecos de Roal Dahl, y es una buena sensación. Digo distancia porque me parece que el cuento, de manera acertada, abraza el género siniestro, en una reflexión sobre la memoria y el dolor del ser enmarcada en ese misterioso personaje que es Pablo el francés. Aunque creo que al final el narrador cae otra vez en un exceso sentimental que devalúa un poco el texto, sigo pensando que es bueno, muy bueno. </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></font></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></font><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Creo que con <i>Museo de la Soledad</i>, en su momento de publicación, Castán fue sabio para las respuestas<span>  </span>—las derrotas de los personajes, su forma de asumirlas, saben a autenticidad— pero no para el uso de un discurso que estaba por emerger, domarse en todo su potencial, alejarse de ropajes cándidos. Para mí, cada nueva obra, independientemente de cuándo esté escrita, tiene su propio manual de interpretación, su personal diálogo que hay que extraer de ella; cada libro es una novia críptica, un poco rubia, que se maquilla mucho para nosotros y a la que hay que convencer para que hable. Este libro combina lo mejor y lo peor de su autor. Afortunadamente, <i>Frío de vivir</i> me dijo que no me equivocaba. Si un creador que me gusta tropieza, sólo hay que esperar que vuelva a bailar.</font></span></span></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10.5pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"><b><span style="font-size:7.5pt;font-family:Verdana;">Matías Candeira</span></b><span style="font-size:7.5pt;font-family:Verdana;"> (Madrid, 1984) lleva una vida académica éxtraña en una prisión espacial, Ciencias de la Información, para convertirse en comunicólogo. Por las noches, cuando la ciudad duerme, es cuentista. En los últimos años, ciertas operaciones pecaminosas le han permitido obtener algunos premios literarios por su trabajo, entre otros muchos, el Certamen de Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid, Premio de Cuentos Salvador García Jiménez, Certamen Literario Pedro de Atarrabia o accésit en el Premio Mario Vargas Llosa NH de Relato. Ha publicado relatos en el fanzine <i>Bar-sobia </i><span>(La bella Varsovia, 2006)</span>,  en <i>Noche de Relatos</i> (NH ediciones, 2007) y en la antología <i>P<span>arábola de los talentos </span></i>(Gens ediciones, 2007). En un futuro, le gustaría escribir largometrajes: tres fábulas trágicas de bajo presupuesto sobre un hurón ninja, tituladas “Madriguera de Sangre”, “El retorno del castor hacendoso” y “Comabunga III”.</span><span style="font-size:7.5pt;font-family:Verdana;"> </span><span style="font-size:7.5pt;font-family:Verdana;">Su primer libro de cuentos, <i>La soledad de los ventrílocuos</i>, será publicado próximamente por Ediciones Irreverentes.</span></font></span></span></span></span></span></span></p>
<p></span></font></p>
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		<title>El retorno del pagafantas</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Jan 2008 18:20:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Óscar Alonso Álvarez]]></category>

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		<category><![CDATA[Plagio]]></category>

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¡Ostiaputaabelenpastores!
Sorprendidos estamos. No hemos podido comernos el pastel de alacranes venenosos que estábamos preparando de la emoción que nos embarga en este instante religioso y epifánico.
Fuentes muy cercanas y fiables han proporcionado a Masacre nuevos datos que harán las delicias de las abuelas, las tías de provincias y los más pequeños de la casa. Reproducimos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="justify" style="line-height:16pt;text-align:justify;margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"></font></span></p>
<p align="justify" style="line-height:16pt;text-align:justify;margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">¡Ostiaputaabelenpastores!</font></span></p>
<p align="justify"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Sorprendidos estamos. No hemos podido comernos el pastel de alacranes venenosos que estábamos preparando de la emoción que nos embarga en este instante religioso y epifánico.</span></span></font></p>
<p><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></font><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Fuentes muy cercanas y fiables han proporcionado a Masacre nuevos datos que harán las delicias de las abuelas, las tías de provincias y los más pequeños de la casa. Reproducimos aquí párrafos del cuento titulado “La Soledad de las palmeras”, de Oscar Alonso Álvarez, finalista del Premio de Relatos Ciudad de Marbella. Nuestra abuela lo llama “intertextualidad cariñosa”, pero es que está muy mayor. Otro plagio de &#8220;Las Interioridades&#8221;, de Félix Palma (Ed Castalia, 2002) aún más torpe.</font></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;">&#8220;Conocí a Ramiro Laiseca en la consigna del aeropuerto de Barajas, y francamente, al principio su aspecto descuidado de alimaña acorralada en su propia guarida, no me resultó muy amistosos. Yo había ido a dar allí por casualidad y lo último que esperaba al abrir la cancela de la taquilla 49 era encontrarme el cuerpo de un hombre austeramente plegado sobre sí mismo como una silla de playa. Después de unos segundos de desconcierto inicial, me hizo gestos nerviosos con la mano para que entrara en aquella angostura o cerrara la puerta de nuevo porque se estaba escapando el calor del mediodía. Nunca antes me había encontrado con nadie en una taquilla para equipajes así que obedecí&#8221;.</span></span></p>
<p><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></p>
<p align="justify" style="line-height:16pt;text-align:justify;margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;">&#8220;Laiseca me fue explicando con abierto orgullo de huésped experimentado que todo era una cuestión de racionalizar el espacio, evitar los lujos superfluos a los que la gente se había atado y regresar a los pequeños placeres de la vida doméstica&#8221;.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;">“En aquella amistad provisional del primer día, a golpe de cigarrillo fui completando&#8230;&#8221;</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Mención aparte merece el desarrollo de este otro plagio mal camuflado, donde el ecuestre y pedestre Oscar, una vez más, habla de la variopinta fauna que vive en las taquillas, compañero de universidad incluido y gozosamente encontrado por el protagonista años después. La desfachatez máxima consiste en terminar el cuento de idéntica manera a la que lo hace Félix J. Palma en <i>Las interioridades</i>.</font></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;">“Llegué a la conclusión de que yo carecía del espíritu necesario para la vida en los armarios. No era digno de ella. Debía abandonar lo único que me hacía soportar mi existencia. Afortunadamente, existía otra alternativa. Bajo la cama de Julia Cuevas no se estaba mal del todo. El suelo era de cálida madera de haya y el somier se encontraba lo bastante alto como para que, al moverse, apenas descendiera sobre mi nariz. Allí conocí a Gómez. Era la primera vez que me encontraba con alguien debajo de una cama y, francamente, el verlo allí tumbado cuan largo era, limpiándose la cara de pelusas y evitando hacer demasiado ruido al utilizar el orinal, no hacía presagiar el comienzo de ninguna gran amistad”.</span><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"> </span></span></span></span></p>
<p align="right"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><em><strong>Las interioridades</strong></em>, Félix J. Palma, Ed. Castalia, 2002</span></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;">&#8220;Las estrecheces de la consigna no estaban hechas para un tipo como yo. Fue una locura de juventud. Es lo que me digo reconfortado cada noche antes de dormirme, cuando finalmente cierro los ojos y consigo plegar mis escualidad piernas contra las paredes de este desportillado buzón&#8221;.</span></span></span></span></span></p>
<p align="right"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><strong><em>La soledad de las palmeras</em></strong>, Oscar Alonso Álvarez, finalista del Premio de Relato Corto Ciudad de Marbella.</span></span></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"></span></span></span></span></span><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Desde Masacre en los Jardines animamos a que si, con suerte, cualquier entidad convocante de premios advierte que, por desgracia, en el pasado ha otorgado algún galardón a este señor por alguno de estos cuentos (“<i>La soledad de las Palmeras”,</i> “<em>Terapias”</em> o algún título similar), nos lo haga llegar para hacerlo público.</span></span></span></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Seguiremos informando.</span></span></span></span></span></span></p>
<p></span></span></span></p>
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		<title>Pagafantas en la viña del Señor</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Jan 2008 14:23:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Premio Fernández Lema]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Ostias y Cristos! ¡Sátrapas! ¡Plutones!
En Masacre hoy queremos felicitar efusivamente a Félix J. Palma, insigne cuentista patrio -y admirado en este templo de mala leche y poción mágica-, por un reciente logro que está lejos de ser baladí. Sabemos por ciertas informaciones que más de uno y más de dos mamíferos concurseros han imitado su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="justify" style="line-height:16pt;text-align:justify;margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">¡Ostias y Cristos! ¡Sátrapas! ¡Plutones!</font></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">En Masacre hoy queremos felicitar efusivamente a Félix J. Palma, insigne cuentista patrio -y admirado en este templo de mala leche y poción mágica-, por un reciente logro que está lejos de ser baladí. Sabemos por ciertas informaciones que más de uno y más de dos mamíferos concurseros han imitado su estilo con desigual pericia, pero el último caso es carne de cotolengo. El cuento premiado en  el pasado <a target="_blank" href="http://www.premiosfernandezlema.com/siguiente.htm"><em>Premio</em> <em>Fernández Lema</em></a>, uno de los más importantes que da la Institución y Madre Literaria de esta nuestra Iberia, es un plagio cagabancos, torpe, falaz y montopronto de su famoso cuento, <em>Las Interioridades </em>(Ed. Castalia, 2002). Nuestras felicitaciones para ti, Félix. Además de ser un referente del cuento, pasarás a los anales de la cuentística española por tener una estela más que nutrida de epígonos patosos. </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Y para muestra, varios mordisquitos. No se vayan a la cama sin su ración de regaliz y porra de goma.</span></font></span> </p>
<p align="justify" style="line-height:16pt;text-align:justify;margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;">“Conocí a Moncada en el armario de Silvia Pizarro. Era la primera vez que me encontraba con alguien dentro de un armario y, francamente, el verlo allí encogido, con el rostro medio cubierto por los faldones de una gabardina y tratando de no quemar nada con el cigarrillo, no hacía presagiar el comienzo de ninguna gran amistad. Pero así ocurrió. Una vez superé la tensión inicial y asimilé lo extraordinario del encuentro, Moncada y yo entablamos una conversación que si bien al principio resultó algo tópica, como esas que se mantienen con los barberos o los taxistas, no tardó en interesarnos. Dado que él ya se encontraba allí cuando yo llegué, Moncada asumió el papel de anfitrión de un armario que a ninguno de los dos pertenecía. Con una carta de amor que encontró en una caja con forma de corazón que no le dejaba estirar los pies, fabricó un cenicero, y luego me ofreció tabaco.”</span></p>
<p style="line-height:16pt;text-align:justify;margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span></p>
<p><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></p>
<p align="right" style="line-height:16pt;text-align:right;margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><em><strong>Las interioridades</strong></em>, Félix J. Palma, Ed. Castalia, 2002</span></p>
<p align="right" style="line-height:16pt;text-align:right;margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;">“Conocí a Julián Valdivieso un martes por la tarde en los alrededores de La Casa de Campo. Él estaba posado con displicencia sobre los restos de un viejo cable de teléfonos y, francamente, al principio su descuidado aspecto de alimaña desvalida, no me resultó muy amistoso. Yo había ido a dar allí por casualidad y lo último que esperaba al aparcar mi coche junto a la cuneta para orinar, era mirar hacia arriba y encontrarme a cinco metros de altura el cuerpo remiso de un hombre austeramente plegado sobre sí mismo como un gorrión, mirándome. Después de unos segundos de desconcierto inicial, en los que ninguno de los dos acertó a decir nada, me hizo gestos nerviosos con la mano para que subiera a su atalaya o me largara porque le estaba espantando la caza. Nunca antes me había encontrado con nadie posado tranquilamente sobre un cable como un funambulista sin público; ni había sido testigo de esa destreza para esquivar los designios de la gravedad como quien se remueve bajo las sábanas para retomar un último sueño; y por supuesto, nunca antes en mi vida me había topado con un hombre con alas. Así que, por si acaso, obedecí con el fervor de un monaguillo. Mi impericia inicial para mantener el equilibrio sobre aquella menguada superficie y el viento que soplaba a rachas del norte hicieron que diera con mis huesos en el suelo media docena de veces antes de conseguir cierto virtuosismo en el alambre. Entonces Julián Valdivieso se ahuecó la gabardina con un gesto de versado gavilán, plegó las alas, me ofreció un cigarrillo y enseguida comprendí que no estaba delante de un tipo cualquiera, sino ante un experto equilibrista que había conseguido crear un hospitalario hogar en aquel minúsculo limbo a merced de la naturaleza.”</span><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"> </span></span> </p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><em><strong>Terapias</strong></em>, Oscar Alonso Álvarez, </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Premio Fernández Lema 2007</span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;">“Moncada era un hombre experimentado en estas lides, una especie de sobreviviente de la espera. Como aquel armario no disponía de luz interior, le fui completando el rostro a golpe de mechero. Entre cigarrillo y cigarrillo, la llama del encendedor limpiaba de sombras un semblante anguloso, casi equino, donde relucían dos ojos negros y profundos en cuyo fondo parecía palpitar un furor aquietado, como una bala en la recámara. Era aquel brillo vagamente turbador el que evitaba que su rostro pudiera plasmarse en los cuadros de las iglesias, a los que un cabello rizado como el algodón de azúcar y unos labios infantiles parecían predestinarlo. En un momento de la velada, Moncada me pidió disculpas, extrajo un teléfono móvil de su chaqueta y se giró en lo posible, rebañando cierta intimidad en aquel universo ya de por sí bastante íntimo. Le oí hablar con su mujer, con quien cruzó un par de palabras que no logré entender antes de abandonarse a una letanía de arrumacos y embelecos tan infantiles que me hicieron creer que su cónyuge sufría algún tipo de discapacidad síquica, para después comprender que la mujer debía haberle pasado el auricular a su hijo”.</span><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Verdana;"> </span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><strong><em>Las interioridades</em></strong>, Félix J. Palma, Ed. Castalia, 2002</span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;">“En aquella amistad provisional del primer día, a golpe de cigarrillo fui completando la ornitológica imagen de Julián Valdivieso. Rondaría los cuarenta años. Su rostro pálido como una cebolla, prematuramente envejecido, la frente agostada y sus ojos negros de picaza me decían que estaba en presencia de un hombre triste; tal vez un ejemplar de una nueva especie en franca expansión por el mundo; también fui descubriendo que había sido técnico informático en una gran empresa, que había estado casado y que tenía dos niñas en algún lugar de Madrid. Frente a la luciérnaga de su cigarrillo, adiviné la fotografía de dos caritas con ojos chispeantes y pelo rubio ensortijado que sonreían a la cámara, y a su lado una mujer joven de mirada serena”.<span style="color:black;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><em><strong>Terapias</strong></em>, Oscar Alonso Álvarez, </span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Premio Fernández Lema 2007</span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></p>
<p></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;">“Tras ese primer encuentro, sin embargo, ya nada fue igual. Durante aquellas horas de charla, con los cigarrillos revoloteando como luciérnagas sobre el sentimental cenicero, Moncada me había confesado que, aparte del armario de Silvia Cotrina, él solía frecuentar otros. Y no le importó compartir conmigo sus descubrimientos. Me cantó las excelencias del armario de Elsa Puche, que me recomendó por lo acertado de su tamaño, unas dimensiones cálidas y confortables que parecían diseñadas expresamente para el disfrute de los hombres que se adentraban en su interior; me advirtió sobre el de Verónica Alonso, un vestidor enorme en el que uno se sentía desamparado, como precipitado al vacío, pugnando inútilmente por alcanzar su fondo o sus paredes. Entre calada y calada, me habló del de Carolina Pozo, tan oscuro y profundo como su apellido; del de Fátima Rivera, que olía a lavanda y flores secas; del de Leticia Burgos, henchido por la humedad. Me habló también del de Sonia María de la Cruz, que se movía insinuante al compás de tus movimientos, debido a la cojera de una de sus patas; del de Pilar Collado, que no podía contener un gemido de dolor cada vez que alguien se internaba en él, a causa de sus bisagras mal engrasadas; del de Yolanda Noriega, siempre tórrido y supuroso debido a la caldera que palpita al otro lado de la pared; del de Cristina Eugenia Ovejero, un armario virginal, que debido a una mudanza eternamente pospuesta, todavía atesoraba ese olor tan incitante de lo que aún está por estrenar; del de Virginia Ballesteros, que a pesar de su edad se antojaba tan imberbe como el de una niña, empapelado de un rosa pubescente y en cuyo fondo se apretaban los peluches que desterraba de su cama cuando recibía visita”.</span></span></p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><em><strong>Las interioridades</strong></em>, Félix J. Palma, Castalia, 2002</span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"> </span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><font size="3" face="Times New Roman"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;">“A partir de aquel día las cosas ya no fueron lo mismo para mí. Nunca imaginé que pudiera existir una raza de hombres con alas, alas de cóndor, alas de paloma, alas de buitre, alas de lechuza como las mías: ideales para el ataque nocturno, alas de alimoche, alas para la delación, para los malos augurios, incluso inútiles alas de gallina </span></font></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><font size="3" face="Times New Roman"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;">[…]  No obstante, pronto averigüé por el propio Julián Valdivieso, que no era el único inquilino de aquellas alturas provisionales. En la azotea del edificio de Correos vivían desde hacía varias semanas los seis miembros de una familia de inmigrantes rumanos de piel cetrina que se ganaban la vida en la calle Recoletos fingiendo monstruosas malformaciones a los viandantes y que por la noche, en castrense orden de retreta, regresaban felices con el preciado botín de la piedad ajena para ocupar las angosturas de su cubil provisional; Sobre la torre de RTVE habitaba una joven estudiante de Biología, Verónica Carro, cimbreante y sensual como una grulla, a la que Valdivieso había invitado varias veces a pasar la tarde tomando café en su nido de Cazorla. En la cubierta del Santiago Bernabeu, un melenudo batería de un grupo de heavy-metal que respondía por Ángel Arregui y volaba como un estornino, le suministraba algo de hierba cuando la nostalgia le suplicaba un reposo. O en las torres KIO, que estaban ocupadas desde hacía varios años por el séquito de un viejo de costumbres hurañas y porte de gárgola románica que decía ser descendiente de un monarca europeo -el marqués del Guano, le apodaba Valdivieso- y que sólo esperaba el momento de recuperar lo que le pertenecía por ley y salir a la luz. La lista de tan curiosa caterva de inquilinos continuaba hasta hacerse abrumadora”.</span></font></span></span></span></p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><font size="3" face="Times New Roman"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><em><strong>Terapias</strong></em>, Oscar Alonso Álvarez, </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Premio Fernández Lema 2007</span></span></font></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:13.5pt;color:black;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;color:black;font-family:Verdana;"><font size="3" face="Times New Roman"><span style="font-size:13.5pt;font-family:Garamond;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Pueden seguir leyendo el cuento plagiado en la <a target="_blank" href="http://www.premiosfernandezlema.com/castellano07.htm">web del Premio</a>.</span></span></font></span></span></span></p>
<p></span></p>
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		<title>Noventa ataúdes, por Patricia Esteban Erlés</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jan 2008 14:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

		<category><![CDATA[Ajuar funerario]]></category>

		<category><![CDATA[Fernando Iwasaki]]></category>

		<category><![CDATA[microrrelatos]]></category>

		<category><![CDATA[Páginas de espuma]]></category>

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Puede que como en el amor, también en el tema de los miedos humanos ya esté todo inventado y, por lo tanto, escrito. Puede ser, ya digo, pero esta intuición no le resta  ni un ápice de brillantez al Ajuar funerario de Fernando Iwasaki, quien parece aprovecharse justamente de esa certeza para dejar que el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></p>
<div style="text-align:center;"><img border="0" width="134" src="http://i228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/Ajuarfunerario.jpg" alt="Ajuar funerario" height="242" style="width:107px;height:169px;" /><a target="_blank" href="http://s228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/?action=view&amp;current=Ajuarfunerario.jpg"></a></div>
<p></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Puede que como en el amor, también en el tema de los miedos humanos ya esté todo inventado y, por lo tanto, escrito. Puede ser, ya digo, pero esta intuición no le resta<span>  </span>ni un ápice de brillantez al <i>Ajuar funerario</i> de Fernando Iwasaki, quien parece aprovecharse justamente de esa certeza para dejar que el lector aficionado a los escalofríos elija en su libro, como en una de esas enormes cajas de galletas surtidas que nunca faltan en casa de las abuelas, cuál de entre todos es el temblor que prefiere experimentar en cada ocasión. </font></span></p>
<p align="justify"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">De más está decir que el libro de Iwasaki tiene mucho de<span>  </span>respetuoso homenaje a la literatura de terror. En él se<span>  </span>manejan<span>  </span>materiales heredados sin llegar a caer en el servilismo, al tiempo que se incorporan un conjunto de<span>  </span>obsesiones propias del autor y un modelo formal característico, el hiperbreve, equivalente literario del zapeo que parece específicamente diseñado para la proverbial inconstancia del lector moderno. Ya su prólogo encierra una declaración de intenciones<i>, &#8220;Las historias que siguen quieren tener la brevedad de un escalofrío y la iniquidad de una gema perversa. Perlas turbias, malignos anillos, arras emputecidas… un ajuar funerario de negras y lóbregas bagatelas que brillan oscuras sobre los deshechos que roen los gusanos de la imaginación&#8221;</i>. Concisión y efectismo, brevedad y desasosiego que logran sin duda muchas de las piezas que nos encontramos dentro de este singular joyero<span>  </span>donde cabe casi de todo. </span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Noventa cuentos integran este breviario del pánico donde los<span>  </span>miedófilos clásicos se reencontrarán con vampiros y hombres lobos, fantasmas desorientados o monstruos de ciénaga, mientras que<span>  </span>los<span>  </span>amantes del terror moderno, ese que anida en lo cotidiano,<span>  </span>hallarán<span>  </span>páginas<span>  </span>por donde transitan mitos que empiezan a serlo justo ahora, a principios del siglo XXI.<span>  </span>Este espacio del horror estrictamente contemporáneo nos permite visitar la aterradora consulta del dentista, tropezar<span>  </span>en una solitaria autopista<span>  </span>con<span>  </span>la chica de la curva o espiar tras la tapia del convento la vida secreta de un monstruo antropomorfo y femenino, la monja,<span>  </span>que a buen seguro pobló la infancia de muchos de nosotros y gracias al cual<span>  </span>el autor consigue algunos de sus mejores relatos.<span>  </span></span></span></font></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span></span></span></span><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Hay sitio en él para el miedo victoriano que inspiran las sombrías casas de muñecas y los daguerrotipos de bebés muertos hace un siglo. Miedo provocado por los avances tecnológicos, que facultan al hombre para fabricar artefactos siniestros, como la silla eléctrica.<span>  </span>También miedo que se respira en escenarios variados y siempre inquietantes, como el retrete de una gasolinera, la habitación de hotel, el hospital, el tanatorio. Miedos, miedos varios, a la muerte que acecha o que le viven dentro a uno, cuando<span>  </span>sospecha que es <i>otro </i>el que domina sus gestos y<span>  </span>le mira desde el espejo. Miedos externos, a seres<span>  </span>que nos van saliendo al paso, que existen desde el mismo instante en que los pensamos, sean reales o no.<span>  </span>Miedos que el hombre moderno puede incluso comprar, como esa llamada a una línea que nos ilustra acerca del infierno, al módico precio de 0’91 euros el minuto.</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Muchos de los microrrelatos de este libro se refugian en la primera persona, apelando, desde el más puro clasicicismo a la complicidad del lector, que debe aceptar el trato y convertirse así en protagonista, resucitar o morir de pronto contándolo, descubrir la monstruosidad que anida en uno mismo, incluso. Iwasaki combina lo aprendido de Poe o Lovecraft, esto es, lo terrorífico que ya no asusta tanto, por conocido de sobras, con unos materiales propios, con sus fobias de hombre moderno. ese temor a lo siniestro que habita en nuestro entorno más doméstico, debajo de la cama,<span>  </span>escondido en el armario o entre las páginas de un inocente álbum de comunión…</span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></span></span></font></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Se nos ocurre que tal vez<span> </span>pueda utilizarse en contra de Iwasaki esa tendencia a depositar toda la fuerza de sus microcuentos (ninguna de las prendas de este ajuar supera la carilla, y las hay incluso que no sobrepasan las cinco líneas, como ese primer y contundente <i>Día de Difuntos</i>) en la frase que les pone punto final. Sí,<span>  </span>la naturaleza previsible de ese cierre es un gaje del lector moderno, que sospecha en muchas ocasiones, guiado por su conocimiento de la tradición, cómo va a acabar el cuento. Sin embargo, vaya en defensa del buen hacer de Iwasaki su talento para crear atmósferas turbadoras en unas pocas palabras, &#8220;<i>En el baño no había espejo ni luz, y el chapoteo de mis pasos delataba dos o tres dedos de un líquido sin nombre&#8221;</i>, situaciones a caballo entre lo humorístico y lo terrible como la del protagonista aquejado de retortijones que entra en el retrete de una gasolinera, &#8220;<i>caminando de baldosa en baldosa, como un equilibrista que no quiere que el público descubra que lleva las mallas descosidas&#8221;</i>, o la de la amable aparición fantasma que recibe una brutal paliza en <i>La mujer de blanco</i>.</font></span></span></span></span></span></p>
<p><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span></span></span><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">En definitiva, un lujo muy recomendable este pequeño frasco de cristal velado y sus 90 píldoras, que el lector no podrá evitar ingerir en una sola dosis de lectura,<span>  </span>si es que de vez en cuando gusta de pasar miedo del bueno.</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span></span></span></font><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Fernando Iwasaki, Ajuar funerario (Páginas de espuma, Madrid, 2004)</font></span></p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Por <a target="_blank" href="http://toditoslosdias.blogspot.com">PATRICIA ESTEBAN ERLÉS</a></font></span></p>
<p></span></span></span></span></span></p>
<img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/masacreenlosjardines.wordpress.com/29/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=masacreenlosjardines.wordpress.com&blog=1652117&post=29&subd=masacreenlosjardines&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Masacre en los Jardines</media:title>
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			<media:title type="html">Ajuar funerario</media:title>
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		<title>EL GRITO DEL HOMBRE, por Masacre</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jan 2008 00:41:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

		<category><![CDATA[Gritar]]></category>

		<category><![CDATA[Lengua de trapo]]></category>

		<category><![CDATA[relatos]]></category>

		<category><![CDATA[Ricardo Menéndez Salmón]]></category>

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		<description><![CDATA[
 
 &#8221;Una y otra vez, la estupidez mental que había sido implantada en él, como en todos los demás, le afirmaba con toda seguridad que el mundo real y verdadero era el que podía verse y palparse, un mundo en el que copiar cartas con fidelidad y buena letra era intercambiable por cierta cantidad de pan, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"></font></span></p>
<p align="center"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"><a target="_blank" href="http://s228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/?action=view&amp;current=Gritar.jpg"><img border="0" width="100" src="http://i228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/Gritar.jpg" alt="Gritar" height="156" style="width:118px;height:149px;" /></a></font></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"> </font></span></p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"> &#8221;</font></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Una y otra vez, la estupidez mental que había sido implantada en él, como en todos los demás, le afirmaba con toda seguridad que el mundo real y verdadero era el que podía verse y palparse, un mundo en el que copiar cartas con fidelidad y buena letra era intercambiable por cierta cantidad de pan, carne y vivienda, y en el que el hombre que copiaba bien, no golpeaba a su mujer y no malgastaba el dinero, era un hombre que estaba cumpliendo el objetivo para el que había sido hecho”.</font></span></p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">ARTHUR MACHEN</font></span></p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Un fragmento de vida</span></font></p>
<p><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></font></p>
<p align="justify"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">En Masacre andábamos estos días pensando si lanzar una jaculatoria furibunda a los decaloguistas del cuento, ahora que empieza el nuevo año —abundan aquí y al otro lado del océano, y merecen tantos castigos corporales como se nos puedan ocurrir— o hacerle justicia a <i>Gritar</i>, de Ricardo Menéndez Salmón, que leemos con placer estos días. Nos hemos decidido por lo segundo, porque creemos que los decaloguistas, dodecaloguistas, furbys y<i> </i>carveritos del cuento también tienen derecho a consomé con picadillo, e incluso algunos nos caen bien. Oh, gingle bells…</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></font></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Como aquí no nos la cogemos con papel de fumar cuando se trata de alabar o dar collejas, hágannos caso: <i>Gritar </i>es, desde luego, una buena noticia para el cuento español, tan necesitado ahora mismo de estandartes. No sólo porque el conjunto es, en general, de una calidad alta; también porque el relato que da título a la compilación puede considerarse desde ya mismo una especie de luminaria, inédita en su brillante idea de base, reveladora, como pocos cuentos tienen el privilegio de ser en este panorama. ¿Exageramos? A lo mejor, pero se van a jorobar. Creemos que en el futuro tendrá el mismo papel que se han ganado en el imaginario común del short tale patrio relatos como <i>Las interioridades, Sucedáneo de Pez Volador, Velocidad de los jardines, Siempre hay un perro al acecho, Los aéreos </i>y otros escogidos. No se impacienten, que ya habrá tiempo para dedicarle su espacio.<i> </i></font></span></p>
<p align="justify"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">El volumen abre con uno de los mejores textos de la colección, <i>La vida en llamas, </i>auténtica declaración de principios de Menéndez Salmón sobre algunas de sus obsesiones, suerte entre un Cheever arrebatado, de tono solemne, y el poder onírico y elegante de ciertas imágenes bien escogidas. Una de las bases fundamentales del libro ya se teje desde el principio: la irrupción de lo extraño en la cotidianeidad de la pareja, en nuestro saber estar en el mundo, ahora ya incomprensible y más perturbador que cualquier territorio fantástico de saldo con elfos. Un hecho sorprendente al que asistimos y nos enfrenta a la perplejidad, y del que no se facilitan respuestas, como buen moroso narrativo que es Salmón. <i>La vida en llamas</i> autentifica a un narrador dentro de una épica íntima, que el autor maneja con soltura y oficio al tejer tres núcleos aparentemente alejados (y bellos, bellos de verdad): el campo simbólico de la muerte —la del padre—, el de la vida —el nacimiento del hijo de la vecina misteriosa— y la propia perplejidad ante la realidad —el hombre envuelto en llamas—, que no admite certezas, que es un constructo con fallas, espejo deformante. Este cuento nos arrebata, no nos explica.</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></font></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Dentro del evidente interés de Menéndez Salmón por la historia y el origen del mal, nos ha resultado interesante leer <i>El placer de los extraños</i>. Aunque con un principio, quizás, demasiado largo en su presentación de personajes, la reflexión que el relato plantea es excelente: la belleza de nuestros semejantes, las maravillas de la naturaleza, los invisibles hilos que gobiernan algunos pasos de la humanidad y su historia o incluso el horror más indescriptible, precisamente por estar a la vista, pasan desapercibidos ante nosotros con la mayor naturalidad. Un relato con las cartas boca arriba —el mecanismo visible— que al final del propio cuento revela lo otro, escapismo a la manera de Houdini, en ese final tan contundente que no vamos a desvelar. </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></font></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Es curioso cómo, paradójicamente, su buen hacer para extraer lo extraño y poético de una materia tan sobada como la intimidad (<i>lo poético es lo familiar disolviéndose en lo extraño</i>, que decía Bataille) se ve rebajado en algún caso a la hora de abordar la vía puramente fantástica. Aunque <i>Hablemos de Joyce si quiere</i> es un cuento competente (la tensión está bien construida y sabe cuándo cerrar, además de tener un aire <i>donniedarkiano </i>muy placentero) podría decirse que se adivina el desenlace mucho antes del cierre —esto no es malo, pero hace al texto demasiado autoconclusivo— y desfallece frente a otras historias de altos vuelos presentes en el conjunto. </font></span></p>
<p align="justify"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Esto es lo que ocurre con <i>Las noches de la Condesa Bruni</i>, otro texto arrebatado y enigmático, en la línea del fantástico más lujoso y burgués, <span> </span>y que —ahora sí— funciona. Se lo avisamos: el sobrino del relato es un personaje cargante en ocasiones, resabido (un repipi intelectual de los de paliza con bate), pero a pesar de todo éste es un cuento que usa y no abusa los recursos del relato oral y el narrador testigo, muy bien llevado, llegando a emocionarnos en el tramo final. </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></font></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><font color="#333333"><i><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">E</span></i><i><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">l horror,</span></i><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> una de las variaciones temáticas que Salmón ejecuta sobre la pareja como estamento (también en otros textos como <i>Gritar</i>, <i>La vida en llamas </i>o<i> <a href="http://lalinearecta.blogspot.com/2007/12/un-gran-relato.html">A nuestros amores</a></i>) nos permite ese placer tan propio de los lectores de cuentos como es desentrañar, desbrozar, leer entre líneas una aparente maraña de detalles y hechos inconexos (una pareja que asiste a un circo deprimente, operístico y hasta excesivo; una llamada desesperada en mitad de la noche, un televisor y sus imágenes) que finalmente inoculan un significado perturbador sobre el fin de una unión. Aunque sobre este tema parejil ya se han dicho demasiadas cosas en el terreno del cuento, tanto la prosa, de una exactitud notable en el dibujo, como lo seductor de algunas imágenes y el poso onírico que deja el texto, nos entregan una buena historia de aires norteamericanos, un relato que es un suceso secreto en sí mismo. D. Lynch estaría orgulloso de Don Ricardo por esta narración.</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></font></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Creemos que la principal rebaba de <i>Gritar</i> es el relato con el que el libro cierra, <i>Para una historia privada de la literatura, </i>descompensado, y muchísimo, respecto a los demás. Nos sorprende incluso que un fragmento del mismo corone la contraportada<i>. </i>Bien que sentimos en Masacre sacarle desconchados —por usar la textura del propio cuento— a un libro que nos ha gustado, pero este texto es, simple y llanamente, un relato vigoréxico. Nos recuerda a <i>Arnold Swacheneger </i>intentando ponerse un tutú de bailarina y pegándose un costalazo (fíjense qué símil, vamos sobraos)<i>. Para una historia privada de la literatura</i> podría perfectamente leerse como la narración metafórica, en clave de manuscrito encontrado, de esa obsesión de los escritores por remozar, retocar y maquillar continuamente sus obras. Si bien es cierto que la capacidad expresiva y riqueza de lenguaje es enorme, el artefacto es excesivo, y ya desde el primer párrafo deja sin aliento al lector con su sobredosis retórica, adjetivación marciana y acumulación de imágenes, como si Gabriel Aresti, que en paz descanse, se hubiera tomado una rula, hubiera abierto el cajón de su escritorio y, tras sacar papel y lápiz, machacara la hoja hasta que le sobreviniesen un par de infartos. Olvidable, vaya.</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></font></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Nos interesaba cerrar esta reseña dedicándonos con amor y buenos ojos al texto por excelencia del conjunto, <i>Gritar</i>, al que haría falta dedicar más espacio del que nosotros disponemos (créannos, no queremos que nos manden al comando Somalia por infartarlos con tanta palabrería). Pasaremos por alto esa errata (“Valdivia” en lugar de “Balboa”) de la página 38, que nos sugiere muchos comentarios ácidos sobre las dioptrías, el interés o la naturaleza fantasmal de los correctores de pruebas de Lengua de Trapo.</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></font></p>
<p align="justify"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">¿Por qué un cuento puede ser tan importante? Precisamente porque <i>Gritar </i>revela, y de manera inédita y sorprendente, un modo de ser de lo humano, el instante lleno de sentido en que se explican ciertas cosas que importan con un lenguaje de puro bisturí, o como últimamente le dicen a Salmón, <i>ganar en hueso y perder en músculo</i>. Creemos bastante acertado que no sacrifique su formación filosófica y se permita ilustrar en el propio texto reflexiones sobre el grito que enriquecen el sentido de la historia y la dotan de vigor (aunque lo de “falansterios del grito” nos recuerda a una especie de club de alcohólicos anónimos o solteras haciendo calceta algo ridículo). <i>Gritar, </i>escúchennos por una vez<i>,</i> nos transforma como lectores. <i>Gritar</i> nos revela que a estas alturas de humanidad el grito es un privilegio, y que Balboa, nuestro protagonista, es listo al alejarse de la habitación que él mismo contrató para vocear y hacerlo en su casa. La riqueza de lecturas sobre este cuento admite larguísimas disquisiciones: que la propia habitación, el negocio secreto, genera, al principio, la mercancía del grito —el pago por la libertad, la esclavitud de la transacción—; que el protagonista supera incluso esa fase, de manera plenamente consciente, y hace bien alejándose de ella; que el rígido código de lo social, este modo de vida que nos hemos ganado a pulso —especulación inmobiliaria, eliminación de espacios de juego, intervención estatal en la intimidad, cultura dirigida, discurso oficial, narcosis— ya no nos permite esto mismo que el relato testifica: gritar; gritar hasta rompernos los huesos, hasta elevarnos, hasta volver a <i>eso</i> que alguna vez hemos sido y nos <i>dice</i>. </span></font></p>
<p align="justify"><font color="#333333"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Nos estamos emocionando, así que se van a fastidiar ustedes, lo van a comprar y luego nos hablan, indignados o no, sobre este cuento, esta historia de gritos, amores, y en el final —en ese magnifico final— el silencio de ser otros.</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></font></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Se lo hemos avisado y les ponemos un <a target="_blank" href="http://www.youtube.com/watch?v=lXDyseuvhdg">“<i>flim”</i></a>. No se quejen.</font></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333"><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://masacreenlosjardines.wordpress.com/2008/01/03/el-grito-del-hombre/"><img src="http://img.youtube.com/vi/lXDyseuvhdg/2.jpg" alt="" /></a></span>&#8221; </font></span></span></p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Por <a href="http://masacreenlosjardines.wordpress.com">MASACRE</a></font></span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><font color="#333333">Ricardo Menéndez Salmón, <em>Gritar</em> (Lengua de Trapo, 2007)</font></span></p>
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