Archivado en: Reseñas | Etiquetas: Carver, Constantino Bértolo, Cuento, La cena de los notables, Matías Candeira, realismo mágico, realismo sucio, Relato, Tropo Editores

LA SOLEDAD DE LOS VENTRÍLOCUOS
Matías Candeira
Tropo editores
Zaragoza, 2009.
No sé si los ventrílocuos son gente solitaria, pero sí afirmo la capacidad de Matías Candeira para convencernos de la melancolía de sus marionetas. Lo consigue gracias a su notable dominio de los recursos narrativos, que provoca que planteamientos de complicada verosimilitud alcancen auténtica altura literaria. Posee, además, un estimable conocimiento de las emociones más complejas y, lo que resulta aún más difícil, sabe mostrarlas sobre el papel con la necesaria concisión (lo que no implica pérdida de sentido, sino adaptación a las necesidades del género). Los mejores relatos de «La soledad de los ventrílocuos» obligan al lector más severo a replantearse sus prejuicios frente a la narrativa más lúdica y fantástica.
Una de las influencias primordiales de Matías Candeira es la vertiente más mágica de la narrativa iberoamericana, una fuente demasiadas veces desdeñada pero fructífera si se maneja con prudencia, sin dejarse llevar por el frenesí del trópico. Candeira, como el barman de un viejo hotel, sabe mezclar los influjos más exuberantes con ciertos vestigios de realismo sucio, materializado en finales abiertos y esos elementos extracotidianos, cercanos al surrealismo, que siempre aparecen en los mejores relatos de la estirpe carveriana. Es el de Candeira un mundo que no sé si es irreal pero sin duda se sitúa más allá de lo que perciben nuestros limitadísimos sentidos. Mantiene la templanza suficiente para que sus personajes sufran y disfruten de pensamientos profundos e identificables -que cualquiera podríamos vivir en nuestra gris cotidianeidad- en situaciones cercanas al delirio.
Gracias a su templanza y a su control de la siempre compleja dosificación del azar se mueve con soltura en el difícil ámbito de la comedia aunque, cuando el relato lo precisa, sabe cambiar de registro, hacia tonos incluso negros: “La historia comienza en el mismo lugar donde todo desaparece: la mesa metálica, la luz de neón, los bisturís brillantes, los fórceps, y con esa coloración de los maderos que pasan mucho tiempo bajo el agua, el cuerpo de una mujer”. También acierta en otros campos de alta dificultad, como la elección de espacios o la utilización de los objetos, convertidos casi siempre en perfectos correlatos objetivos. Además es un excelente dialoguista. El uso de tan difícil recurso en relato corto es bien distinto del que merece en el largo recorrido. Su dosificación debe ralentizarse y la selección debe ser mucho más certera.
Consigue que nos encontremos frente a una obra compacta, lo que siempre resulta difícil en un volumen donde los narradores, los registros y las dimensiones son muy distintos. Cambia de lo entrañable a lo patético, de lo intimista a lo grotesco, dejando siempre un extraño e indefinible poso de inquietud y evitando el riesgo de la caída en la monotonía o en la disgregación. No molestan las dimensiones variables de los relatos ni la distinta densidad de las tramas.
Sin embargo, no todo es perfecto en «La soledad de los ventrílocuos». El vigor narrativo se difumina cuando se adentra en distancias demasiado largas. «La segunda vida», relato que ocupa casi una cuarta parte del libro, es una hermosa narración gótica (en su variante Nueva Inglaterra) pero se sitúa en un peligroso terreno intermedio, en el que pierde esa contundencia que parece consustancial al mejor relato breve sin alcanzar totalmente el aliento de la novela, emplazándose en una posición intergenérica que no alcanza el brillo de sus hermanas pequeñas. También muestra ligeros desajustes formales, que no ciegan los méritos pero deberían resolverse en futuras obras: aunque maneje con soltura mecanismos poéticos: (…larga trinchera de edificios goteantes, romos, que resplandecían levemente por la baja luz como las tumbas de un panteón) en ocasiones los adjetivos se disparan y roza la obviedad.
Si, como afirma Constantino Bértolo en «La cena de los notables», la función de la crítica es mediar entre el lector y el editor y juzgar no las obras, sino las propuestas editoriales, la labor de Tropo merece un aplauso, ya que está publicando a algunos de los mejores relatistas de nuestro país.
Por RECAREDO VEREDAS
3 comentarios por mucho
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Magnífico libro de relatos, muy bien narrado, inteligente, divertido, onírico, pero por sobre todo transgresor y muy bien articulado. Lo recomiendo con mucho entusiasmo.
comentario por Norberto Luis Romero Marzo 21, 2009 @ 9:54 amMi enhorabuena a este autor.
Grande, Matías.
comentario por marcelo Marzo 25, 2009 @ 4:36 pmAún buceo en “La soledad de los ventrílocuos”, pero a la mitad de la lectura ya puedo decir que los cuentos son muy buenos y que Matías Candeira es, por consiguiente, un excelente narrador. 100% recomendable.
comentario por Raúl Sánchez Abril 10, 2009 @ 9:17 pm