En el blog de nuestro querido Sergi Bellver se ha establecido un fructífero y –a la vista está- largo debate sobre cuáles han sido las mejores propuestas en cuento del pasado 2008. De forma tangencial, pero siempre interesante, este debate ha orbitado sobre el lugar al que se dirige, o puede dirigirse, este género que, poco a poco, va derribando los tabiques históricos, editoriales y económicos –incluso generados desde el propio discurso del cuentista patrio- que se le han impuesto. En Masacre en los jardines queremos contribuir a ese “cuento futuro” con estas pequeñas vías de pensamiento que nos ha remitido Ángel Zapata, y que suscribimos de mil amores.
QUINCE APUNTES EN TORNO AL CUENTO
Aparecido en “Escribir un cuento (5 propuestas)”. Ed. Asociación cultural Mucho Cuento, Córdoba 2008.
El cuento debe conmover, herir, maravillar; algo en el cuento debe llamar por su nombre al lector: forzarlo a que despierte.
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Como los individuos, como las sociedades, un cuento no debe “funcionar”, sino existir.
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Las tramas narrativas no reflejan el modo en que las cosas ocurren “en la realidad”, sino las redes que empleamos para apresar lo que ocurre. El cuento indaga precisamente aquello que las tramas convencionales no sabrían captar: es el intento de rodear un resto siempre inaprensible.
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En la novela la trama es causa. En el relato, mero efecto.
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El cuento debe parecerse a la vida en esa cualidad que tiene la vida de no parecerse a nada.
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Es verdad que el avance del cuento debe ir despertando en el lector el deseo de saber, a condición de que el deseo no se vea realizado sino de un modo irónico: a condición de que el cuento desemboque en eso que el lector sabía sin querer.
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El cuento es una ética de la escritura, y por eso un buen cuento siempre deja algo que desear: le hace un sitio al deseo del Otro.
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En la novela (o por lo menos en la gran novela clásica, burguesa) la escritura se subordina a la historia, sirve a la historia: las partes trabajan en beneficio de un todo, que les es exterior y heterogéneo. En el cuento la escritura emerge, la producción textual no resulta alienada como producto en el todo de la representación: el trabajo es soberano, y hace su historia.
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El despliegue del universo novelesco exige la constancia de lo positivo y lo dado; el cuento nace de un rechazo, devuelve el acto de narrar a la pregunta por sus condiciones.
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El realismo desvía al cuento de su vocación. Al igual que el poema, el cuento no apunta a la realidad, sino a lo real en tanto lo imposible de decir.
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Dentro del cuento, no se trata tanto de escribir una historia, como de inscribir aquello que la interrumpe.
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El cuento no debe ayudarnos a soportar la realidad (esta es la exigencia falsamente benévola a la que apelan todos los conformismos), sino a situar en nuestra realidad lo insoportable, y a situarnos frente a ello.
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En cierto modo, el cuento no es una narración en la que se ha eliminado todo lo insignificante, sino una narración en la que se ha eliminado todo menos lo insignificante, esto es: aquello que aún debía reapropiarse su potencia de significar.
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La novela clásica tiende a la acumulación (de referencias, de hechos, de sentido); se apuntala sobre el imaginario de la totalidad y la riqueza. El cuento sabe de la castración, de la pobreza de la realidad, y es —como el Eros platónico— hijo de la escasez y del recurso.
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El rechazo a llegar, la pasión de ir, son distintivos tanto del cuento como del cuentista. El cuento es lo que siempre está en camino. En un cuento, lo único falso o engañoso ha de ser, justamente, su brevedad.
7 comentarios hasta ahora
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Interesante reflexión. Un saludo de un seguidor.
Comentario por oriol febrero 8, 2009 @ 4:22 pmEstupendas ideas sobre el cuento, me quedo con el último apunte, “lo único falso o engañoso ha de ser justamente, su brevedad”. El cuento tiene la fuerza de una mirada que concentra toda la intención de un deseo. La huella de un buen cuento es tan duradera que supera la impresión de la novela.La contradicción de lo breve y lo eterno podemos encontrarla en el cuento.
Comentario por María José febrero 8, 2009 @ 5:44 pmUn saludo.
¿Vías? No son vías, son canales navegables para naufragar. ¿Reflexiones? Son certezas.
Comentario por Juan Carlos Márquez febrero 8, 2009 @ 7:32 pmEsto de la poética del cuento me gusta y desinteresa cada vez más.
Comentario por Esteban Gutiérrez febrero 9, 2009 @ 8:25 amEs como ese pitufo que da vueltas alrededor de un hoyo contando 25,25,25… hasta que se acerca otro pitufo, se asoma y el que da vueltas le empuja al hoyo y dice 26,26,26…
Lo digo porque a pesar de todas las poéticas, luego el cuento sale porque sale.
Eso sí, las técnicas para encauzarlo de Ángel Zapata, son Verdades Fundamentales.
Merci beaucoup, mon cher Monsieur Charbon, por compartir estas estelas para náufragos, como dice Juan Carlos. No se haga usted tan caro de leer, que una cosa es que tengamos vocación de náufragos y otra de huérfanos.
Y gracias también a Masacre por ser el espacio en el que esta clase de cosas pueden ser.
Comentario por Sergi Bellver febrero 9, 2009 @ 9:27 amSupongo que si fueran certezas perderían su valor.
Comentario por Pablo Matilla febrero 10, 2009 @ 12:18 pmMuy bien, Miguel Ángel.
Yo, más que “apuntes” los llamaría “iluminaciones”.
Comentario por Jesús Ortega febrero 13, 2009 @ 10:54 am