Archivado en: Reseñas | Etiquetas: Gritar, Lengua de trapo, relatos, Ricardo Menéndez Salmón
”Una y otra vez, la estupidez mental que había sido implantada en él, como en todos los demás, le afirmaba con toda seguridad que el mundo real y verdadero era el que podía verse y palparse, un mundo en el que copiar cartas con fidelidad y buena letra era intercambiable por cierta cantidad de pan, carne y vivienda, y en el que el hombre que copiaba bien, no golpeaba a su mujer y no malgastaba el dinero, era un hombre que estaba cumpliendo el objetivo para el que había sido hecho”.
ARTHUR MACHEN
Un fragmento de vida
En Masacre andábamos estos días pensando si lanzar una jaculatoria furibunda a los decaloguistas del cuento, ahora que empieza el nuevo año —abundan aquí y al otro lado del océano, y merecen tantos castigos corporales como se nos puedan ocurrir— o hacerle justicia a Gritar, de Ricardo Menéndez Salmón, que leemos con placer estos días. Nos hemos decidido por lo segundo, porque creemos que los decaloguistas, dodecaloguistas, furbys y carveritos del cuento también tienen derecho a consomé con picadillo, e incluso algunos nos caen bien. Oh, gingle bells…
Como aquí no nos la cogemos con papel de fumar cuando se trata de alabar o dar collejas, hágannos caso: Gritar es, desde luego, una buena noticia para el cuento español, tan necesitado ahora mismo de estandartes. No sólo porque el conjunto es, en general, de una calidad alta; también porque el relato que da título a la compilación puede considerarse desde ya mismo una especie de luminaria, inédita en su brillante idea de base, reveladora, como pocos cuentos tienen el privilegio de ser en este panorama. ¿Exageramos? A lo mejor, pero se van a jorobar. Creemos que en el futuro tendrá el mismo papel que se han ganado en el imaginario común del short tale patrio relatos como Las interioridades, Sucedáneo de Pez Volador, Velocidad de los jardines, Siempre hay un perro al acecho, Los aéreos y otros escogidos. No se impacienten, que ya habrá tiempo para dedicarle su espacio.
El volumen abre con uno de los mejores textos de la colección, La vida en llamas, auténtica declaración de principios de Menéndez Salmón sobre algunas de sus obsesiones, suerte entre un Cheever arrebatado, de tono solemne, y el poder onírico y elegante de ciertas imágenes bien escogidas. Una de las bases fundamentales del libro ya se teje desde el principio: la irrupción de lo extraño en la cotidianeidad de la pareja, en nuestro saber estar en el mundo, ahora ya incomprensible y más perturbador que cualquier territorio fantástico de saldo con elfos. Un hecho sorprendente al que asistimos y nos enfrenta a la perplejidad, y del que no se facilitan respuestas, como buen moroso narrativo que es Salmón. La vida en llamas autentifica a un narrador dentro de una épica íntima, que el autor maneja con soltura y oficio al tejer tres núcleos aparentemente alejados (y bellos, bellos de verdad): el campo simbólico de la muerte —la del padre—, el de la vida —el nacimiento del hijo de la vecina misteriosa— y la propia perplejidad ante la realidad —el hombre envuelto en llamas—, que no admite certezas, que es un constructo con fallas, espejo deformante. Este cuento nos arrebata, no nos explica.
Dentro del evidente interés de Menéndez Salmón por la historia y el origen del mal, nos ha resultado interesante leer El placer de los extraños. Aunque con un principio, quizás, demasiado largo en su presentación de personajes, la reflexión que el relato plantea es excelente: la belleza de nuestros semejantes, las maravillas de la naturaleza, los invisibles hilos que gobiernan algunos pasos de la humanidad y su historia o incluso el horror más indescriptible, precisamente por estar a la vista, pasan desapercibidos ante nosotros con la mayor naturalidad. Un relato con las cartas boca arriba —el mecanismo visible— que al final del propio cuento revela lo otro, escapismo a la manera de Houdini, en ese final tan contundente que no vamos a desvelar.
Es curioso cómo, paradójicamente, su buen hacer para extraer lo extraño y poético de una materia tan sobada como la intimidad (lo poético es lo familiar disolviéndose en lo extraño, que decía Bataille) se ve rebajado en algún caso a la hora de abordar la vía puramente fantástica. Aunque Hablemos de Joyce si quiere es un cuento competente (la tensión está bien construida y sabe cuándo cerrar, además de tener un aire donniedarkiano muy placentero) podría decirse que se adivina el desenlace mucho antes del cierre —esto no es malo, pero hace al texto demasiado autoconclusivo— y desfallece frente a otras historias de altos vuelos presentes en el conjunto.
Esto es lo que ocurre con Las noches de la Condesa Bruni, otro texto arrebatado y enigmático, en la línea del fantástico más lujoso y burgués, y que —ahora sí— funciona. Se lo avisamos: el sobrino del relato es un personaje cargante en ocasiones, resabido (un repipi intelectual de los de paliza con bate), pero a pesar de todo éste es un cuento que usa y no abusa los recursos del relato oral y el narrador testigo, muy bien llevado, llegando a emocionarnos en el tramo final.
El horror, una de las variaciones temáticas que Salmón ejecuta sobre la pareja como estamento (también en otros textos como Gritar, La vida en llamas o A nuestros amores) nos permite ese placer tan propio de los lectores de cuentos como es desentrañar, desbrozar, leer entre líneas una aparente maraña de detalles y hechos inconexos (una pareja que asiste a un circo deprimente, operístico y hasta excesivo; una llamada desesperada en mitad de la noche, un televisor y sus imágenes) que finalmente inoculan un significado perturbador sobre el fin de una unión. Aunque sobre este tema parejil ya se han dicho demasiadas cosas en el terreno del cuento, tanto la prosa, de una exactitud notable en el dibujo, como lo seductor de algunas imágenes y el poso onírico que deja el texto, nos entregan una buena historia de aires norteamericanos, un relato que es un suceso secreto en sí mismo. D. Lynch estaría orgulloso de Don Ricardo por esta narración.
Creemos que la principal rebaba de Gritar es el relato con el que el libro cierra, Para una historia privada de la literatura, descompensado, y muchísimo, respecto a los demás. Nos sorprende incluso que un fragmento del mismo corone la contraportada. Bien que sentimos en Masacre sacarle desconchados —por usar la textura del propio cuento— a un libro que nos ha gustado, pero este texto es, simple y llanamente, un relato vigoréxico. Nos recuerda a Arnold Swacheneger intentando ponerse un tutú de bailarina y pegándose un costalazo (fíjense qué símil, vamos sobraos). Para una historia privada de la literatura podría perfectamente leerse como la narración metafórica, en clave de manuscrito encontrado, de esa obsesión de los escritores por remozar, retocar y maquillar continuamente sus obras. Si bien es cierto que la capacidad expresiva y riqueza de lenguaje es enorme, el artefacto es excesivo, y ya desde el primer párrafo deja sin aliento al lector con su sobredosis retórica, adjetivación marciana y acumulación de imágenes, como si Gabriel Aresti, que en paz descanse, se hubiera tomado una rula, hubiera abierto el cajón de su escritorio y, tras sacar papel y lápiz, machacara la hoja hasta que le sobreviniesen un par de infartos. Olvidable, vaya.
Nos interesaba cerrar esta reseña dedicándonos con amor y buenos ojos al texto por excelencia del conjunto, Gritar, al que haría falta dedicar más espacio del que nosotros disponemos (créannos, no queremos que nos manden al comando Somalia por infartarlos con tanta palabrería). Pasaremos por alto esa errata (“Valdivia” en lugar de “Balboa”) de la página 38, que nos sugiere muchos comentarios ácidos sobre las dioptrías, el interés o la naturaleza fantasmal de los correctores de pruebas de Lengua de Trapo.
¿Por qué un cuento puede ser tan importante? Precisamente porque Gritar revela, y de manera inédita y sorprendente, un modo de ser de lo humano, el instante lleno de sentido en que se explican ciertas cosas que importan con un lenguaje de puro bisturí, o como últimamente le dicen a Salmón, ganar en hueso y perder en músculo. Creemos bastante acertado que no sacrifique su formación filosófica y se permita ilustrar en el propio texto reflexiones sobre el grito que enriquecen el sentido de la historia y la dotan de vigor (aunque lo de “falansterios del grito” nos recuerda a una especie de club de alcohólicos anónimos o solteras haciendo calceta algo ridículo). Gritar, escúchennos por una vez, nos transforma como lectores. Gritar nos revela que a estas alturas de humanidad el grito es un privilegio, y que Balboa, nuestro protagonista, es listo al alejarse de la habitación que él mismo contrató para vocear y hacerlo en su casa. La riqueza de lecturas sobre este cuento admite larguísimas disquisiciones: que la propia habitación, el negocio secreto, genera, al principio, la mercancía del grito —el pago por la libertad, la esclavitud de la transacción—; que el protagonista supera incluso esa fase, de manera plenamente consciente, y hace bien alejándose de ella; que el rígido código de lo social, este modo de vida que nos hemos ganado a pulso —especulación inmobiliaria, eliminación de espacios de juego, intervención estatal en la intimidad, cultura dirigida, discurso oficial, narcosis— ya no nos permite esto mismo que el relato testifica: gritar; gritar hasta rompernos los huesos, hasta elevarnos, hasta volver a eso que alguna vez hemos sido y nos dice.
Nos estamos emocionando, así que se van a fastidiar ustedes, lo van a comprar y luego nos hablan, indignados o no, sobre este cuento, esta historia de gritos, amores, y en el final —en ese magnifico final— el silencio de ser otros.
Se lo hemos avisado y les ponemos un “flim”. No se quejen.
”
Por MASACRE
Ricardo Menéndez Salmón, Gritar (Lengua de Trapo, 2007)
17 comentarios por mucho
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Habrá que comenzar el año con este libro (entre otros). Un saludo.
Comentario por manuespada Enero 3, 2008 @ 6:56 amSe nota que lo habéis leído con pasión, Masacre. La opinión que a mi me ha merecido os la enlazo aquí:
http://eltactodeunbilletefalso.blogspot.com/2007/12/gritar-ricardo-menndez-salmn.html
Un abrazo.
Comentario por Pepe Cervera Enero 3, 2008 @ 7:21 amMasacre:
Juan Carlos Márquez me puso sobre la pista de tu lectura. Te la agradezco de corazón. Me gustó incluso lo de “vigoréxico”, las sombras en las luces, el palo que le cae al bueno de Franz en su reencarnación como autor simbolista. Y qué decir del vídeo: un lujo. Hablaré con Pote Huerta para la edición intercativa del libro. En descargo del corrector de Lengua de Trapo (que lo hay y es magnífico), digamos que “Gritar” era tan hipnótico que la homofonía (Valdivia/Balboa) lo traicionó. Cosa que, por cierto, le sucedió también al autor, que tuvo ocasión de corregir con calma las pruebas.
Creo que el cuento en español seguirá gozando de buena salud mientras haya lectores capaces de leer tan intensa (hacia dentro) y profundamente (hacia abajo). Aunque sólo sea porque los escritores se vean obligados a estar a la altura de sus críticos. Me atrevo con una recomendación para ti y para los asiduos: los Cuentos completos de Di Benedetti en Adriana Hidalgo. Gran literatura.
Un abrazo desde Gijón y, otra vez, mi gratitud,
Comentario por Ricardo Enero 3, 2008 @ 5:41 pmRicardo
El primer cuento, “la vida el llamas” me ha gustado mucho. Así que he encarado el resto con muchas ganas. Pero ¡oh!, el resto se me ha caido de las manos.
Comentario por EDUARDO CANO Enero 4, 2008 @ 3:55 pmAlgunos relatos incluso me parecen tan falsos e impostados como el titulo del libro, especialmente y el peor de todos: “gritar”: malo, malo, malo, Ricardo.
Finalmente lo he quemado en la chimenea para ver que tal ardía, y no arde mal (arde muy silenciosamente y con la llama azul del plástico barato, de esa que es tan buena para recalentar).
Ahora leo la critica de este blog y me sorprende mucho lo bien que poneís todo el libro!, ¿es amiguete este Ricardo? Lastima no poder releerlo de entre las cenizas.
Saludos amigos, y a seguir gritando asi, bajito; que no molesta.
Yo estoy de acuerdo con Eduardo, el primer cuento me enganchó, aunque algunos detalles del final no me cuadraron. Gritar me dejó indiferente y por ejemplo el del cuadro de la Virgen que agoniza o el último son de sacamuelas. Respecto al corrector hipnotizado o al autor que no se da cuenta de la crisis onomástica de su personaje gritón, mejor escribimos un cuento con ellos, a ver que pasa, porque total, algunos de los argumentos de este libro parecen haber sido ideados con un sistema igual de peregrino, véase el relato de la pareja que va al circo, cuyo comienzo no está mal, pero hay que ver por dónde deriva el asunto, qué disparate.
Comentario por Dinosaura O´Neill Enero 5, 2008 @ 12:32 am¡Ricardo!, ¡no había visto de andabas por ahí! Perdón por el lapsus… Yo no necesito que me des a mi también las gracias, ni por mi opinión sincera ni por el tiempo perdido en leer tu libro (¡aunque se lo he robado a Proust y eso sí que tiene delito!)Lo que si te pido es que: como veo que va bien la promoción de tu libro, y que regalabas el cuento bueno para que compremos el resto, y el resto a mi no me ha gustado; te pido que, como en esas promociones tan navideñas que hay, me devuelvas el dinero. Aquí te pongo mi número de cuenta para que tu o la Escuela de Escritores (que está en el ajo también) me devolváis el dinero (ya os ponéis de acuerdo a quien le toca).
Numero de cuenta: 334 666600 4444 xxx fuck of! (pero bajito)
Saludos
Nota: “gritar bajito” no es posible, se ha de decir “hacer muecas” o “patochadas”, o algo así. Mira a ver si cambias el título del libro, mejoraría.
Comentario por EDUARDO CANO Enero 5, 2008 @ 1:26 pmHay ciertos comentarios (va por usted, señor Cano) que deben prevalecer intactos, como en una hornacina, para que cuando, dentro de dos mil o tres mil años, un tipo con escafandras en los testículos o quizá con agallas en los pies, los lea atentamente (después de desencriptarlos, claro)pueda hacerse una idea cabal de la ignoracia y la estupidez humanas.
Comentario por Juan Carlos Márquez Enero 5, 2008 @ 1:54 pmMuy de acuerdo con usted, señor Márquez. ¿O debería llamarle profesor Pimko?
Comentario por EDUARDO CANO Enero 5, 2008 @ 2:11 pmAcotado el hecho, don Eduardo, esto es: que no le ha gustado “Gritar”.
A) Hacer mala sangre, y casi hasta ofender personalmente a un autor que lo único que ha hecho ha sido escribir un libro, no es un camino que denote inteligencia. Lo mismo que presumir, un poco locuelamente —permítanoslo—, que en Masacre somos amigos de Don Ricardo por hablar bien de su libro. En Masacre no estamos para hacer amigos, estamos para hablar del cuento.
B) El “ajo” en el que está metida la Escuela de Escritores ha pasado por publicar todas las navidades un buen cuento como regalo a sus visitantes. Buenos cuentos han sido “Bañeras”, de Ignacio Ferrando, “Días de Sol en Metrópolis”, de Ángel Zapata; y ahora, “La vida en Llamas”, de Menéndez Salmón. Hasta donde sabemos en Masacre, es una buena iniciativa porque son buenos cuentos. Otro gallo cantaría si estuvieran mal escogidos, pero no es así.
C) No entraremos a zapatear sobre el tema del gusto. Gusto —aunque basado en el criterio, así se ha argumentado— no deja de ser que Gritar (el cuento y el libro) nos guste; y en lo particular pensemos que ese relato debería figurar en toda antología. Gusto o disgusto tampoco deja de ser que a usted, Don Eduardo, le parezca malo como un dolor. Es un problema irresoluble. Sólo podemos contar con el propio corazón para estas cosas.
Comentario por Masacre Enero 5, 2008 @ 2:17 pmNo creo que “Gritar” se convierta en un clásico, pero sí contiene algún buen relato y uno especialmente memorable, lo que resulta casi excepcional en nuestros tiempos. Además Menéndez Salmón cuida el lenguaje con mimo, lo que también resulta bastante extraño. Podéis encontrar mi crítica en http://lalinearecta.blogspot.com/2007/12/un-gran-relato.html. Saludos.
Comentario por Recaredo Veredas Enero 5, 2008 @ 4:35 pmAsí es. Muy claro lo deja usted Don o Doña Masacre (discúlpeme, pero desconozco el trato que le corresponde). Esto es, efectivamente, un problema del corazón. Usted lo ha dicho muy bien.
Cuídese uno mucho de que su voz suene como la de un “escritor” o un “intelectualista”: aquí solo hay una persona privada que ha recibido un regalo/recomendación. Un regalo/recomendación de una fuente que hasta ahora reconocía como solvente, y la ha seguido (como siempre hace…) Después, esa persona ha podido comprobar con estupor el resultado.
Y entonces, esa persona se pregunta: ¿Habré caído en una trampa de esas del marketing promocional? ¿Será una promoción más de esas que nos retumban en un terreno que hasta ahora estaba, o parecía estar, acotado? Después, esa misma persona, va y lee criticas extrañamente benévolas (y a su humilde entender y con sumo respeto por los que más saben de esto) con unos cuentos que cree que no se sostienen porque son sencillamente una mentira (salvo el primeo, ya lo he dicho).
Solo es eso.
Cada cuento de los citados en su respuesta Señor/a. Masacre, y en concreto, esos libros recomendados anteriormente por la Escuela de Escritores han sido estupendos placeres para mi, lo juro, lo juro y doy mil gracias por ello. Y no así “Gritar” sobre el que ya he dicho lo que pensaba. ¿Se trata de eso o no? De decir lo que uno piensa.
Pero estará usted de acuerdo Sr./a Masacre, que el cabreo (grande de verdad, como son estos cabreos catedralicios y oceánicos, llenos de olas negras y columnas contrafuertes que se elevan); que poner en el mismo saco a cuentistas de la talla de Ángel Zapata (a quien admiro y respeto profundamente) e Ignacio Ferrando, que para mi son autores de verdad, de los que ponen cosas en hojas, con este otro; es a todas luces un insulto.
Es solo eso. Dar la opinión y pedir un poco de cuidado con los regalos de plástico, que aunque vayan bien envueltos se pueden romper y parecer folletos. Nada más.
Me permito, ya por ultimo, para des-en-criptar o más bien desengrasar a Pimko, citar al maestro W. Gombrowicz en el prologo de Fedydurke: “(…) debido a toda clase de falsificaciones, la situación social del así llamado “artista” se ha vuelto en nuestros tiempos tan pretenciosa que todo lo que se pueda decir suena falso (…) Callaos pues, os lo ruego. Callaos en espera de un futuro mejor. Por el momento – si queréis expresar que os gustó-, tocad sencillamente, al verme, vuestra oreja derecha.”
Esta persona, la que recibió el regalo, solo pretende tocarse la oreja izquierda (con unción, eso sí, con rabia gritona, si es preciso) al recibir este “regalo/recomendación” de “Gritar”; y pedir más cuidado y atención.
No obstante, pido disculpas, si por mi opinión sincera, y efectivamente de corazón Sr./a Masacre ( y va por usted Señor Márquez, y para posibles Profesores Pimko residentes) he ofendido a alguien, pero sin duda alguna el ofendido con este regalo/recomendación, que he quemado y quemaré mil veces si hace falta, como ya he dicho; el ofendido tras comprar y leer el librito en cuestión, era yo.
Saludos cordiales.
Comentario por EDUARDO CANO Enero 5, 2008 @ 4:50 pmDones, dones, Mr. Edward. Somos varios, engarzados en una sola voz; pero las razones son largas y tema de otro rato.
Quedamos asombrados por la largura del comentario, ahora bastante más cabal. Nuestro adorado Jack el destripador, para esos menesteres de sacar sangre y muelas, diría eso de “vamos por partes”
El cuento que se ha ofrecido en la Escuela de Escritores no es otro que el que le gustó, Don Eduardo, así que no hay ofensa posible a ese respecto. Aquí no se ha comparado “grandezas” o “calidades”, ni de unos ni de otros, por más que, como usted, admiremos a los citados. Comparar las piedras con los pájaros es un esfuerzo estéril, siempre. Si es un buen texto, haya el perfil que haya detrás, no se ha cometido delito. Y los tres textos de navidad, indefectiblemente, lo son.
Probablemente usted lo sepa: aún más heterogéneo que el estilo, hay otra cosa que concierne a los cuentistas patrios, para bien o para mal; y es exactamente esto: no hay nada más opuesto en cuanto al gusto que la opinión de un cuentista cualquiera —emergente, si se quiere— frente a la de otro cuentista cualquiera. Los hay que detestan los relatos que juegan con la prosa y se adscriben más a un clasicismo norteamericano. Los hay surrealistas, popes del humorismo absurdo, de ese neofantástico tan en alza. Los hay que piensan que el humor es un mecanismo banal, de neófitos. Los hay que no soportan, y hasta les sale urticaria, que un cuento no tenga principio, nudo y desenlace. Los hay anárquicos y gustosos del “texto”; de un texto que funciona como un suceso en sí mismo, inseparable del lenguaje literario y de lo que la literatura no pueda poner en pie, haya ordenación o locura. Los hay amplios de miras y los hay limitados a un triste pasado teórico y demasiado cerrado por las esquinas. Y esto lo hemos comprobado en entrevistas varias, decálogos coñazo, tertulias, y, más concretamente, porque conocemos a bastantes in person e incluso alguna vez los hemos visto despellejarse por la espalda.
No hay mayor libertad que la suya, Don Eduardo, de sentirse indignado por la recomendación de un amigo. De ahí a la ofensa total y declarar muy ufano que se enorgullece de quemar un libro en la chimenea (hay tantos autores que merecen la quema y el escarnio antes que un modesto libro de cuentos que sí, en este caso, tiene la suerte de contar con una buena publicidad) media un abismo. ¿No se ofendería usted si alguien declarara orgulloso eso mismo por alguno de sus libros, de haberlos? El hilo entre la opinión y la descalificación es muy fino. Gustos hay como amores, de todo pelaje.
Decir de nuevo sobre el citadísimo en estos comentarios, “Gritar”, que sólo se trata de un problema de percepción y de gusto. Ni usted se bajará de la burra —y no tiene por qué hacerlo, ya que está expresando su opinión— ni nosotros nos retractaremos de nuestra admiración por ese relato. En Masacre no nos caracterizamos precisamente por que nos guste todo (véase nuestro reciente síndrome anti- Pàmies), y mucho menos por que admitamos cualquier texto como bueno o excelente. Pero cuando algo nos atraviesa, lo decimos. Ese “extrañamente benévolas” que nos atribuye, sobra, rebaja nuestra opinión a un azar, cosa que no es así. Está pensada, repensada y construida. Cuando hemos tenido que sacarle esquirlas y hongos al libro de Don Ricardo, también lo hemos hecho, seguro que se ha percatado. La nuestra es una crítica entusiasta, pero también cabal.
Comentario por Masacre Enero 5, 2008 @ 6:44 pm¿Cómo? ¡Qué Masacre no es una persona!
¿Entonces?, ¿me dirijo a un Oráculo? ¿Qué además resulta ser, por lo que dice, también la Escuela de Escritores y además La Crítica?
¡Dios mío que barbaridad!
¡Qué imprudente he sido!
Lo siento, Herr amigos,
Perdóneme hit, Gran Masacres (¡no sé que tratamiento he de usar!, ¡ni si seré castigado por ello! ¡ahora entiendo el nombre!)
Pero yo soy solo un lector… Yo.
Comentario por EDUARDO CANO Enero 6, 2008 @ 3:28 amYo no deseo hablar con ningún Oráculo.
Lamento el mal entendido. Adios.
De Gritar, que se suponía que era el tema, diré que me han gustado mucho el relato que da título al libro y “La vida en llamas”. Hay otros que me parecen muy correctos pero no brillantes, verbigracia “El terror” (o “El horror”, ahora me habéis hecho dudar del título, Masacre, pero ya nos entendemos, el de la llamada equivocada de la no-hija), y algunos que me han decepcionado un poco, como el que cierra el libro y, sobre todo, el final de “Los ancestros” (el componente “mágico” del cuento es tan válido o tan impostado como cualquier otro, todo vale si el pacto narrativo con el lector se consuma; simplemente creo que el final está mal resuelto, o si acaso, desde esa feroz subjetividad que csi nadie admite pero que a todos nos condiciona, y con más llaneza: no me gusta). Hablando del texto, que es lo que importa, en general me parece un libro de relatos con altibajos, pero de un cuentista con talento, y no digo esto “para no mojarme”, porque creo que lo estoy haciendo y así lo pienso. Me parece un libro que, como artefacto independiente del resto de su obra (si se me permite la expresión), y no como un peldaño más, funcionaría mejor si, como le aconseja Medardo Fraile a un buen amigo, el cuentista tuviera un poco más de tranquilidad e indiferencia. Me refiero a que publicar en el mismo año La ofensa y Gritar es mucho publicar, claro que esto puede deberse a circunstancias editoriales, de catálogo y otras mil, y no necesariamente a la hiperactividad del autor. Desconozco por tanto si Menéndez Salmón ha empleado uno, dos o tres años en escribir Gritar, pero me da la sensación de que al libro le falta tiempo, poso, fermento, no lo sé, tal vez me equivoque, y no quiero decir que le falte “trabajo”, porque respeto la trayectoria del autor y no me parece el típico tuercebotas con prisa, sino un escritor de veras, pero creo que quizá dentro de un año, con unos cuentos más como “Gritar” y “La vida en llamas”, y unos cuantos menos deslices, el libro hubiese ganado mucho. Con todo, no me parece, como señala por ejemplo Antonio J. Morato en su reseña, que Gritar sea un salto tan cualitativo en la escritura de Ricardo Menéndez Salmón, sino más bien una progresión natural, inteligente. O, de nuevo con llaneza, ni sus primeros libros (incluido Los caballos azules, aunque confieso que ése no me lo he leído entero aún) eran tan “malos” ni el que nos ocupa tan deslumbrante. La ofensa, por ejemplo, me hizo temer por su prosa avejentada del principio, pero fue ganando enteros y me dejó buen sabor de boca al final. Después de todo lo dicho, con los “peros” señalados pero sin reservas, admito que tengo interés por el trabajo de R. M. Salmón, creo que no es uno de esos cuentistas que tratan de tomarme el pelo, que es un escritor honesto con lo que hace y que no se pavonea ni se arroba consigo mismo, y eso, hoy en día, ya es mucho.
Del libro en sí, por cierto, como objeto, sólo me apetece comentar que Lengua de Trapo ha conseguido una imagen de marca reconocible, que es uno de los objetivos básicos del diseño, etcétera, pero me sigue incomodando esa blanda presencia, casi de revista (su formato más reconocible recuerda demasiado al National Geographic). Manías de cada uno, supongo.
Y, finalmente, de cierto tipo de comentarios, sólo diré que me parece cobarde escudarse en el pseudónimo, que me hace sospechar tamaña inquina a la hora de relacionar un texto con una empresa, o un autor con la labor (docente o la que sea) de otros, como si se estuviera esperando cualquier excusa para la puñalada, y que observo con pesar hasta qué punto llega el afán de algunos por hacerse protagonista sin aportar nada valioso en realidad (y con poca gracia, todo sea dicho, si al menos el ingenio fuera tal…).
Creo que una discrepancia puede defenderse con vehemencia si es preciso, pero siempre a cara descubierta, con argumentos y, por muy “cursi” que le parezca a algunos, con elegancia, que nunca está de más.
Comentario por Sergi Bellver Enero 7, 2008 @ 2:18 pmPues no he leído “Gritar”, no debería comentar…pero tengo que decir que me he partido de risa con los testículos con escafandra. Ea.
Comentario por Marsu Enero 10, 2008 @ 4:21 pmGracias a la reseña en El hueco del viernes de David González Torres (responsable de http://www.aviondepapel.com), ato cabos y comprendo un poco mejor la cuestión de fechas. Gritar es de redacción anterior a lo que pensaba. Y antes de que acabe 2008 ya habrá otra novela de Menéndez Salmón en Seix Barral… Todo ello hace que me reafirme en lo dicho en mi anterior comentario.
Un saludo.
Comentario por Sergi Bellver Enero 11, 2008 @ 9:51 amSaludos. Vaya debate más enconado. Me sumo a él. Pueden ver la reseña que comenta Sergi. Allí hablo del libro Gritar. http://elhuecodelviernes.blogspot.com/
Para los que conozcan la historia de dicho relato y para los que no:
Gritar ganó el Premio José Nogales de la Diputación de Huelva en 2005.
http://www.lavozdeasturias.es/noticias/noticia.asp?pkid=240026
En dicho jurado, estaban nombres tan notables dentro del panorama del cuento como Hipólito G. Navarro y Ángel Zapata. Ricardo Menéndez Salmón ganó dicho concurso en una reñida final en los que estaban relatos de -por este orden- Ignacio Ferrando, Félix J. Palma y (esto lo digo con modestia) uno mío que he quemado ya en una hoguera.
Gritar se publicó en una edición limitada por dicha Diputación. Ahora, nos llega en la edición de Lengua de Trapo.
Pues bien, esta es la historia de Gritar.
A mí me parece un gran relato. De lo mejor que he leído en muchos años (hablo de lecturas autores nuevos yde mi generación y no de clásicos).
Lo demás, sobra.
Creo en el éxito de ese libro de Ricardo. No en vano, ya vemos qué debate se está generando en ciertos blogs.
Saludos a todos.
Para los que no hayan leído el relato, Vivir del Cuento lo tiene publicado desde hace meses:
http://vivirdelcuento.blogspot.com/2006/06/el-cuento-del-fin-de-semana-14.html
Comentario por David González Torres Enero 11, 2008 @ 4:17 pm